Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 1 de abril de 2018

Back to black

Había vuelto. De pronto, todos los recuerdos de aquella taberna volvieron a mi mente: las conversaciones con desconocidos, el humo, el silencio, el ruido, la música, la voz ronca del camarero, el deseo cómplice mezclado con alcohol y sonrisas, las madrugadas de versos y caricias...

Vacilé unos instantes, todo se antojaba extraño de repente. Habían pasado más de tres años desde entonces. Literalmente había huido de la ciudad, había escapado de aquel lugar que era como mi segunda casa y ni siquiera me había despedido. 

Me armé de valor y crucé la puerta. Todo parecía estar en su sitio. Las mesas y sillas de madera dispersadas a lo largo de todo el local, la pared llena de post-its con letras de canciones y dedicatorias, la luz rojiza y tenue envolviendo cada rincón, ceniceros rebosantes de humo y recuerdos y, por supuesto, aquella rosa negra que daba nombre al local, colocada en una pequeña urna de cristal encima del piano de pared.

Casi podía imaginarme allí, volcando mis miedos sobre la barra del bar, ahogando las penas en ginebra y huyendo de cualquier atisbo de realidad. Era fácil ser otra persona, era fácil ponerse la venda en los ojos y hacer como que todo estaba bien. Esbocé una sonrisa amarga. 

Entonces, alguien preguntó por mi nombre a mis espaldas. Estaba casi segura de quién se trataba, pues aquel deje del sur tan característico me había fascinado desde el primer momento. Me giré con lentitud y allí estaba aquel chico con la guitarra colgada al hombro, de tez morena, barba desaliñada y sonrisa pícara. 


- ¿Has vuelto para que te siga llenando la vida de canciones?

2 comentarios:

Lurio dijo...

He visto el bar, el humo, el ambiente y hasta me han dado ganas de ir a tomarme algo allí y escuchar la música.
Como siempre, un placer.

Sophie dijo...

Genial relato, me encanta leerte