Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

martes, 3 de mayo de 2016

Good Vibes

- Quiero ese - dije señalando el longboard de rayas blancas y azules.
- ¿Pero sabes como va esto? ¿O sólo lo quieres por subir fotos al instagram? - preguntó el dependiente de la tienda sonriendo con suficiencia.
- Bueno, supongo que como todo, es cuestión de práctica... - respondí enigmática.

Pagué y salí de la tienda sin dar más explicaciones. Puse la tabla en el suelo y mis pies sobre ella, tratando de ganar confianza y equilibro. Estiré mis brazos en cruz y aspiré una bocanada de aire cálido. Flexioné mis rodillas y me di impulso dejando que la tabla se deslizase con facilidad sobre el asfalto, ganando velocidad. Sin darme cuenta, recorría el paseo marítimo zigzageando entre los biandantes. 

Hacía un par de meses que había decidido cambiar de vida: me corté el pelo, cambié su forma y su color, doné ropa vieja, me compré nueva, innové mi estilo. Me mudé a una ciudad cerca del mar, empecé a trabajar y a ahorrar. Me apunté a clases de teatro para conocer gente nueva. Retomé la lectura, la guitarra, aunque de forma autodidacta y volví a escribir con más fuerza que nunca.


Dejarse llevar no está tan mal, pensé, sobretodo si tienes la confianza y las fuerzas suficientes para saber que si te caes, volverás a levantarte. Que a pesar del dolor, de las pérdidas, de los arañazos, del sobrevivir gracias a trabajos mal remunerados, con esfuerzo y ganas, tarde o temprano, consigues alcanzar tus sueños. Y que la vida siempre merece la pena, aunque sonrías cinco segundos sobrevolando la ciudad encima de una tabla con ruedas.