Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

sábado, 31 de diciembre de 2016

Time to fly

A pesar de mi ausencia este último mes, no quería empezar el nuevo año sin hacer un pequeño balance de lo que ha supuesto para mi este 2016. 

Lo cierto es que he escrito menos de lo que me hubiese gustado, bien por falta de inspiración, tiempo o motivación. No es algo de lo que esté orgullosa, ya que para mi siempre ha supuesto una válvula de escape, una forma de poner voz a mis pensamientos y también un modo de compartir otros puntos de vista, con otros rincones de literatura y magia. No estoy orgullosa porque siento que me he abandonado, que os he abandonado. 

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Los primeros meses de este año han sido difíciles: en mi fuero interno sabía que debía tomar una decisión que me carcomía por dentro y sobrevolaba mi mente con demasiada frecuencia. Esa decisión lo iba a cambiar todo para siempre y juro que traté de retrasarla todo el tiempo que me fue posible, para así, hacer acopio de valor y seguir luchando. No quería quitarme la venda, no quería dejar de estar ciega. Tenía demasiado miedo a aceptar la realidad, a darme de bruces contra ella; tenía miedo a precipitarme, a errar, a provocar sufrimiento. 

Supongo que al final llegué a ese punto de inflexión donde no podía seguir, simplemente, como si nada. También debía pensar en mi. Me estaba autoengañando y sentía que, en parte, estaba fingiendo un sentimiento que ya no me pertenecía y que de continuar, nos habría destruido completamente. 

Con la llegada del verano acabé una primera etapa de la que estoy orgullosa, ya que por primera vez siento que lo que estoy estudiando realmente me apasiona. En cierta parte estoy cumpliendo un sueño de mi “yo” adolescente y creo que voy por buen camino. 

Y con la llegada del verano, las vacaciones, las fiestas de los pueblos, el calor, las noches de planetas y estrellas fugaces, las amistades de siempre, las risas, las noches de chicas, los conciertos, las proposiciones indecentes, los labios rojos, el volver a bailar como si nadie me estuviese mirando, un cambio de look, sentirme más valiente, sorprenderme al descubrirme sin ansiedad, como si nunca me hubiese estrujado el pecho... 

En Octubre llegó a mi vida una pequeña bola de pelo inquieta y fiera, pero a su vez, llena de amor y cariño, que me robaría el corazón desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzasen. Y quien diga que los gatos no son cariñosos, es que no tiene ni idea.

Noviembre se llenó de escapadas a la ciudad del viento, de celebraciones, de logros, de sentirme orgullosa de mi familia y amigos. Volví a tocar el piano, a leer, a ilusionarme por las pequeñas cosas, a hacer algo de deporte y a trabajar. Trabajar en algo que nunca me ha gustado y siempre he renegado porque nunca me he sentido capaz de hacerlo. Pero estoy gratamente sorprendida, contenta y animada. 

Y de nuevo diciembre. El año pasado decidí que 2016 iba a ser un año sin propósitos; pero me he dado cuenta, a lo largo de los meses, de que me falta “algo”. Creo que plantearse desafíos te ayuda a mejorar tanto personal como profesionalmente; te ayuda a esforzarte al máximo y dar lo mejor de ti. Tener unas metas fijadas, más o menos realistas, te ayuda a encontrar muchas veces esa motivación que a veces flaquea con el día a día. Además, la satisfacción que da llegar a fin de año y sorprenderte de que has cumplido más propósitos de los que te creías capaz en un principio, ¿qué?

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Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias. Espero que este 2017 esté lleno de nuevas aventuras que podamos compartir.

Un abrazo, 


¡Nos leemos!

sábado, 26 de noviembre de 2016

Desconectarse

Empiezas a darte cuenta de que algo va mal cuando te descubres desconectándote en silencio de todo lo que alguna vez te hizo latir. Te descubres presa de una desidia tan atroz que hace que todas las ganas mueran antes de ser, siquiera, imaginadas.

Empiezas a darte cuenta cuando el espejo escupe la imagen de una piel devorada por miedos y rencores. Cuando tu mirada se asoma al inmenso abismo por el cual se precipitan todos tus sueños. Cuando el invierno te abraza por la espalda y se funde bajo tus costillas, cuando las cicatrices vuelven a abrirte en canal, cuando te descubres esperando en el andén equivocado a un tren que nunca llegará.

Y es entonces cuando, nadando entre tanta oscuridad, te descubres más valiente que nunca: empiezas reconocer que algo va mal y que de seguir así, te transformarás en alguien que temerá mirarse a los ojos, por miedo a descubrir que se ha perdido para siempre.

viernes, 28 de octubre de 2016

Scars

(Fotografía de @lybelulae)
Hoy he soñado con un reencuentro:
había cariño y era sincero,
como una amistad que perdura a través de los años...
a pesar de los daños. 

martes, 4 de octubre de 2016

Querida Elendilae,

Prométete que este va a ser un buen año. Prométete que vas a aprovechar el tiempo, que vas a crecer como persona y como profesional. Sé curiosa e investiga, aprende todo lo que puedas: nuevos idiomas, ciencia, música, arte... Prométete que vas a salir de tu zona de confort, que vas a probar cosas nuevas, que te vas a atrever y que vas a ser valiente, aunque los monstruos sigan habitando debajo de tu cama. Prométete ser positiva, a pesar de las circunstancias. Prométete bailar como si nadie estuviese mirando; gritar, arañar, morder y sacarle la lengua a esta vida, a veces tan perra. Prométete conocer gente nueva, aprender de ellos y dejar que te descubran. Prométete cuidar de los tuyos, de los que siempre han estado ahí y de los que vendrán. No te rodees de personas tóxicas. Y sobretodo, prométete que vas a disfrutar y que te lo vas a pasar en grande.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sempiterna

Se atrinchera aquí a declararse idiota, imbécil, tonta, loca. 

Han transcurrido seis años de silencio en los que los recuerdos se desdibujan vidriosos en el fondo de su corazón, o eso quiere hacer creer. Y aún puede jurar que tiembla y se deshace en un mar de lágrimas si regresa a un futuro que nunca existió. Vuelve la rabia, la tristeza y el vacío; un sueño repleto de sombras y monstruos. Y también la intensidad con la que latía. 

Se atrinchera aquí a declararse todavía rota. 

Guarda la página casi en blanco de un capítulo que nunca ha querido cerrar, aunque se corte cada vez que pose su dedo sobre ella. Y todavía sangra. Guarda la espina clavada en una parte de su corazón que aún se retuerce de dolor si evoca su recuerdo. 

Todavía no sabe las razones por las que él nunca dejó claro si sentía lo mismo o por el contrario no sentía nada. Cree que le desbordó y que eligió el camino más fácil para salir ileso de aquella batalla: aquel que se ocultaba tras el silencio, el frío y la distancia, y seguir como si nada, como si nunca se hubiesen conocido.

Quizá por eso no deja que sus heridas cicatricen, porque sigue siendo un océano de preguntas sin respuesta. Porque no puede soportar la idea de que quizá no fue nada para él, cuando lo fue todo para ella. Porque no puede aceptar los remordimientos de haber abandonado el barco antes del naufragio, de romper la promesa de que estaría ahí para siempre: su lado más irracional hubiese preferido hundirse hasta verse con los pulmones encharcados. Supongo que el instinto de supervivencia fue más fuerte y tiró de ella hacia la superficie antes de tocar fondo.

Se atrinchera aquí para declararse enferma de un (des)amor enquistado.

Hubiese preferido la verdad a bocajarro y así tener una excusa para odiarle. Es más fácil que reconocer que, a pesar de todo, le querrá para siempre.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Melodía Inacabada

Apartó la vista de la página que estaba leyendo; aquella historia le había atrapado completamente por la forma en la que estaba escrita, por los detalles, las descripciones... Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no veía la vida de aquella forma, con todos esos matices, luces y sombras. Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que había dejado de vibrar en sintonía con la naturaleza, de contagiarse de esa fuerza y de los pequeños detalles que hacían que todo mereciese la pena. 

Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido a la inmensidad, que estaba por estar, arrastrándose a través del tiempo perdido y a la vez inmóvil, mera espectadora de su propia existencia. 

Echaba de menos que la vida le mordiese las entrañas, la luz crepuscular abrazándole por la espalda, el frío lamiéndole las cicatrices, llenarse los bolsillos de propósitos, la poesía de una sonrisa desconocida y fugaz, las manos suaves, su corazón latiendo arrítmicamente contagiado de carcajadas, sentirse valiente e inocente, misterio, fuego y hielo, silencio... 

Echaba de menos buscar, dejarse encontrar, mostrar su cara oculta, imaginar noches de niebla y estrellas, los susurros atropellados y temblorosos de sombras recortadas contra la pared, de volar sin salir de una caricia...

Echaba de menos el ruido de sus propias pisadas tratando de hacer temblar el mundo, de romperlo en mil pedazos, de deshacerlo en polvo y renacer como nunca, como siempre, como una melodía inacabada... 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Piano Cover: Stranger Things

A raíz de la fiebre por esta serie, la cual recomiendo encarecidamente, me pareció oportuno rendirle un pequeño homenaje a la melodía principal que le da pie.

Perdonad la calidad del vídeo, intentaré mejorarla en la próxima interpretación. 

¡Espero que os guste!



sábado, 10 de septiembre de 2016

Lágrimas sobre el cristal

("Lágrimas sobre el cristal")
Echaba de menos llover con calma. 
Mirar por la ventana y ver deshacerse el tiempo en lágrimas. 
Escuchar el eco de los truenos desgarrándome el pecho.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Bostezos


("Amanece" - Fotografía realizada por Leyre L.G)

Me gusta despertarme cuando amanece, 
observar la naturaleza latente, 
tener la cámara de fotos a mano 
e inmortalizar los colores que tiñen el cielo. 
Me gusta ese silencio antes de que todo bostece
 y la complicidad de abrazar la calma. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Deshielo

En medio de aquel bar, rodeada de tanta gente, un sentimiento de tristeza comenzó a aflorar a través de sus mejillas. No conseguía adivinar de dónde procedía, pero de pronto comprendió que no debía estar allí. No podía. No quería. 

Se abrió paso, como pudo, entre codazos y pisotones, hacia la puerta. La calle estaba también atestada de gente; jóvenes que iban y venían, carcajadas y música de fondo. Todo el mundo parecía estar pasándoselo en grande. 

Reparó en sus pulsaciones: seguían estables. Aquella ansiedad desmesurada a la que casi ya se había acostumbrado, había desaparecido por completo, quedando prácticamente en una anécdota que recordar cuando quería descubrirse más valiente. 

Se dirigió al único sitio donde sabía que podía pensar con claridad. Una vez allí, dejó que el reproductor de música hiciese el resto. 

Apoyó la espalda contra la pared y fijó la vista sobre los tejados de la ciudad. La azotea siempre había sido su vía de escape para cuando tenía más ganas de volar que de correr. 


Su cara se contrajo en una mueca de dolor y se dejó ir, deshaciéndose lentamente entre viejos monstruos y recuerdos latentes.

lunes, 11 de julio de 2016

Bajo la luz de los sueños

Era una noche tranquila, el cielo estaba completamente despejado y la luna sonreía desde el horizonte. Alzó la mirada y se vio sobrecogida por aquel mar de estrellas y constelaciones titilantes: Cassiopea, la Osa Mayor, la Estrella Polar, Deneb, Mizar... 

Había quedado con un grupo de personas, que como ella, admiraban todo lo relacionado con el espacio. Además, entre aquellas, se encontraban cuatro astrónomos que habían traído consigo sus telescopios. El espectáculo no había hecho mas que comenzar. 

- Si miras por aquí - apuntaba uno de los expertos - podrás observar Júpiter. 
- ¿En serio? - preguntó Ana, al tiempo que se acercaba al ocular. 

Una esfera de color beige dividida por dos bandas transversales rojas aparecía en el visor. A su vez, cuatro puntitos brillantes de color azul, correspondientes a los satélites, la seguían de cerca. 

- ¡No puede ser! - exclamaba con emoción. 

El astrónomo sonreía complacido. 

- ¿Hay algún otro planeta que te gustaría ver?
- ¡Saturno! Si es posible, claro...
- Con este telescopio, casi todo es posible.

Comenzó a manipular un pequeño mando, en el que introducía las coordenadas que correspondían con dicho planeta. Al cabo de unos pocos segundos, el telescopio giraba sobre sí mismo, gracias a un pequeño motor, en la búsqueda y captura del astro. 

- A ver... mira ahora...

Volvía a asomarse a aquella pequeña ventana con vistas a una realidad casi mágica. Saturno aparecía ente sus ojos, como una pequeña lenteja dorada, rodeada por un único anillo. No había margen de error, aquel era, sin duda, el mismo planeta que Galileo o el mismísimo Christiaan Huygens, observaron desde sus respectivos telescopios.

- ¡Es increíble! - canturreaba mientras daba pequeños saltitos de emoción.  
- Y mira... - introducía nuevas coordenadas con las que el telescopio volvió a girar sobre su eje en busca de un nuevo objetivo con el que dejar a Ana boquiabierta. - Observa ahora... ¿qué te parece?
- ¡Es la luna! Mira los cráteres, parece un queso gruyere, la luz, ¡es maravillosa! Ya sé en qué voy a ahorrar mi dinero próximamente...
- ¿Te unirás a nuestra troupe? 
- ¡Por supuesto! A fin de cuentas, siempre he vivido colgada de las estrellas... 

domingo, 3 de julio de 2016

Saudade

Hoy necesito volver al mar, comprarme vestidos rojos, pintarme las uñas, escuchar grupos que me inviten a cerrar los ojos y soñar despierta, llorar, escribir, leer, ver amanecer, hacer fotos, tumbarme en la cama para no pensar en nada y a la vez pensarlo todo, mirar las estrellas, terminar de ver aquella película que dejé a medias, dejarme la voz recordando aquel concierto en primera fila, sonreír durante cinco segundos y medio, tomar café helado y guardar algo de calor en mis bolsillos para cuando el invierno aceche tras la incertidumbre de no saber qué camino escoger...

martes, 3 de mayo de 2016

Good Vibes

- Quiero ese - dije señalando el longboard de rayas blancas y azules.
- ¿Pero sabes como va esto? ¿O sólo lo quieres por subir fotos al instagram? - preguntó el dependiente de la tienda sonriendo con suficiencia.
- Bueno, supongo que como todo, es cuestión de práctica... - respondí enigmática.

Pagué y salí de la tienda sin dar más explicaciones. Puse la tabla en el suelo y mis pies sobre ella, tratando de ganar confianza y equilibro. Estiré mis brazos en cruz y aspiré una bocanada de aire cálido. Flexioné mis rodillas y me di impulso dejando que la tabla se deslizase con facilidad sobre el asfalto, ganando velocidad. Sin darme cuenta, recorría el paseo marítimo zigzageando entre los biandantes. 

Hacía un par de meses que había decidido cambiar de vida: me corté el pelo, cambié su forma y su color, doné ropa vieja, me compré nueva, innové mi estilo. Me mudé a una ciudad cerca del mar, empecé a trabajar y a ahorrar. Me apunté a clases de teatro para conocer gente nueva. Retomé la lectura, la guitarra, aunque de forma autodidacta y volví a escribir con más fuerza que nunca.


Dejarse llevar no está tan mal, pensé, sobretodo si tienes la confianza y las fuerzas suficientes para saber que si te caes, volverás a levantarte. Que a pesar del dolor, de las pérdidas, de los arañazos, del sobrevivir gracias a trabajos mal remunerados, con esfuerzo y ganas, tarde o temprano, consigues alcanzar tus sueños. Y que la vida siempre merece la pena, aunque sonrías cinco segundos sobrevolando la ciudad encima de una tabla con ruedas.

viernes, 29 de abril de 2016

Alas de papel

Trata de vislumbrar su pelaje atigrado a través de los tejados. No hay ni rastro de ella. Hace más de un mes que aquella gata de ojos amarillos ha desaparecido sin dejar rastro. Intenta sisear y chasquear los dedos para atraer su atención, en vano. Donde quiera que esté, se encuentra muy lejos de allí. 

Cruza los brazos sobre el alféizar de la ventana y apoya la cabeza entre ambos. Cierra los ojos y deja vagar su mente entre recuerdos del pasado.

Mía era la gata de su vecina. Hacía cuatro años que se habían mudado a la casa de al lado. Recuerda como le ayudó a subir cajas, muebles y libros. Todo era caos y ruido. Enseguida se hizo amiga de aquel felino y de su dueña, como un flechazo. 

Suspira y sonríe. 

Las tardes de verano riendo a carcajadas sobre el tejado, bebiendo cerveza, escribiendo cosas absurdas con tiza en la pared, desafinando con grupos indies, inventando nuevos idiomas, viajando, bailando hasta destrozarse los pies, siendo cómplices en silencio... 

No recuerda el punto exacto en que todo aquello empezó a desvanecerse como el humo. Quizá el hacerse mayor, con nuevas responsabilidades, nuevas perspectivas de futuro, otras obligaciones... le habían hecho cambiar. Les había hecho cambiar. 

Dobla una hoja de papel blanco transformándola en un avión y escribe en una de sus alas un mensaje, una señal. Lo lanza con fuerza para que se cuele, tras un vuelo frágil e irregular, en su terraza. 

Y espera.

miércoles, 6 de abril de 2016

Weaker

Son días fugaces y noches extrañas.

Hoy su dique de contención se ha desbordado 
inundándolo todo de agua salada. 


Ojalá no hubiese sido demasiado tarde para todo.


miércoles, 23 de marzo de 2016

Ser o no ser

La buhardilla de su casa era lo más cerca que tenía para sentirse un bohemio, un artista de vanguardia, un alma libre, un poeta... Subía a ella cada vez que necesitaba poner en orden sus pensamientos, su vida en general o el hilo inexacto de las palabras mudas de sus labios. Últimamente pasaba más tiempo hablando consigo mismo que con el resto de los mortales con quienes convivía a causa de su trabajo. 

Su mirada vagaba a través de las ventanas de aquel cuarto, se perdía entre las paredes desgastadas de los edificios de su barrio, coleccionaba cantos de pájaros y saltos al vacío de algún que otro polluelo sin miedo a volar: cómo los envidiaba. Hacía tiempo que había cortado sus alas para amoldarse al tamaño de la jaula que él mismo había construido. 

Rufus, el gato naranja de su vecina, también solía colarse en aquella oda a la melancolía y soledad. Ambos se hacían compañía mutuamente, aunque sin necesidad de depender uno del otro. Parecía comprenderle tan bien... 

- Si no fueses gato, ¿qué te gustaría ser? - le preguntó mientras le acariciaba detrás de las orejas. - Yo si no fuese lo que soy, me gustaría ser todo lo que fui o todo lo que imaginé, pero... 

El gato volvió sus grandes ojos amarillos para mirarle con intensidad y maulló levemente. 

- Tienes razón... Simplemente eres y actúas conforme a tu esencia. No sé por qué nos preocupa tanto ser lo que somos o lo que dejamos de ser o lo que los demás esperan de nosotros. Quizá el secreto sea no plantearse la mera existencia de uno mismo, simplemente vivir haciendo lo que nos gusta sin hacer daño a nadie... Puro instinto. ¿Es ese tu secreto, amigo?

Rufus ronroneó sobre su regazo y clavó sus pequeñas garras sobre sus piernas, para justo después escapar corriendo hasta el alféizar de la ventana, echando un último vistazo hacia el interior de aquella buhardilla y desaparecer en la oscuridad de la noche. 

- Supongo que eso es un sí... 

jueves, 17 de marzo de 2016

Prométetelo

Ojalá pudiese arrancarme el corazón para no sentir tu dolor clavado en mi pecho y de alguna forma, liberarte a ti también de ese pesar. Ojalá me creas cuando digo que si me he rendido, no ha sido por no haberlo intentado mil quinientas veces y otras mil quinientas más, sino por no haber encontrado el equilibrio exacto en el que seguir fluyendo; por no haber hallado el remedio adecuado para subsanar las heridas que nos hicieron sangrar en alguna que otra batalla y, con ello, seguir adelante. Por no haber encontrado las fuerzas suficientes con las que seguir caminando a tu lado. 

Quiero pensar que el tiempo será nuestro mejor aliado. Quiero pensar que nuestra historia no morirá donde habita el olvido, ni donde habitan los monstruos, ni donde habita el rencor o la rabia. Y que a pesar de todo, algún día, volvamos a ser un par de idiotas que se ríen de las mismas chorradas una y otra vez, aunque no sea lo mismo. 

Quiero que, a pesar de todo, seas feliz, seas fuerte y seas todo lo que quieras llegar a ser. Prométemelo. Prométetelo.

lunes, 14 de marzo de 2016

Atisbo

Nunca delante del abismo
le habían entrado tantas ganas de saltar
como cuando a su espalda acechaban 
el miedo y la incertidumbre.


Y aún sabiendo que ni el paracaídas más eficaz 
podría salvarle la vida,


saltó.

jueves, 10 de marzo de 2016

Mémoire

Empezó a darse cuenta por familiares, amigos y compañeros de trabajo que no recordaba acontecimientos relativamente importantes de su vida: fiestas de cumpleaños, cenas de empresa, escapadas, viajes, etc. Su mente había decidido borrarlas, como si nunca hubiesen existido, como si él nunca hubiese estado allí. Resultaba realmente frustrante. Se sentía un desconocido en sus propios recuerdos, la tercera persona que observa desde fuera, omnipresente, pero ciego, sordo y mudo.

Conjeturó que tal vez se trataba de simple despiste, de acciones automatizadas que se realizan sin prestar la suficiente atención como para necesitar ese espacio donde almacenarlas.

Pensó, a su vez, que tal vez fuese un mecanismo de defensa, una forma de salvaguardarse de aquello que no terminaba de encajar. Una forma de escudarse tras la nada, para que nada pudiese herirle. Allá donde hubiese vacío no tendría que curar heridas, ni sanar cicatrices, ni salvarse de los monstruos del rencor y el remordimiento. 

Sin embargo, a pesar de esa relativa calma, esa falsa sensación de bienestar, sentía que le faltaba algo. Parte de su esencia, de lo que él era, o de lo que él podría llegar a ser, se desvanecía con el paso del tiempo. Sentía que tal vez pudiese acceder a ello si se esforzaba lo suficiente, pero todas las puertas estaban cerradas. 

No quería tener que pronunciar en voz alta aquella palabra que tanto miedo le daba. Pensar en esa enfermedad a una edad tan temprana era como si su mundo entero se derrumbase bajo sus pies. Pensar en que dentro de unos años no quedaría nada de él y ni siquiera sería consciente de ello. Olvidaría hasta las cosas mas triviales como comer o andar o incluso respirar. 

Decidió que tal vez pudiese guardar parte de su esencia en libretas y cuadernos. Escribir, aprender a tocar un instrumento, realizar ejercicios de cálculo, aprender listas interminables de palabras sueltas, llevar consigo una cámara de fotos y de vídeo para no perderse ni un segundo de su vida. 

martes, 8 de marzo de 2016

7 años

("Cumpleblog: 7 años" - Realizada por Ele)

Hoy hace siete años que decidí abrir este espacio que me ha servido para viajar a universos paralelos, crear historias de ciencia ficción, conocer a otras personas con inquietudes similares, dar rienda suelta a mi imaginación y observar con perspectiva todo lo que me rodea. 

Sin darme cuenta he crecido, he comenzado y finalizado etapas, he visto a personas que han llegado para quedarse y otras para marcharse, he saboreado el placer de comentarios constructivos y también he recibido algún que otro dardo envenenado. 

He vivido etapas de inspiración constante, donde las musas iban y venían inquietas, revoloteando a mi alrededor, enredadas en mis dedos para dibujar mil retazos de realidades inciertas. He vivido etapas de silencio y quietud, de desgana y hastío, de soledad y abandono. 

Pero a pesar de todo, llevo escribiendo desde los 7 años y espero seguir por muchos años más. Y quien sabe, quizá me atreva a dar el salto al papel, o al menos a versiones digitales, recopilando una parte y un todo de lo que he sido, soy y seré: tinta, música, fotografía, pensamientos y sueños. 

Muchísimas gracias por acompañarme. 

jueves, 3 de marzo de 2016

No regreses

Dicen que no hay que volver a los lugares donde has sido feliz; supongo que tampoco a aquellos de los que trataste de escapar con todas tus fuerzas. 

Sabía que si regresaba, le iba a ser muy difícil reunir el valor necesario para irse de nuevo. Y por ello evitaba ser consciente del poco tiempo que le quedaba para disfrutar de aquellas tierras entre montañas. 

Sin embargo, a pesar de todo, regresó y ahora se encuentra atrapada entre un pasado lleno de fantasmas y un presente cosido a una página en blanco. Sabe que está viviendo en una falsa y efímera comodidad. Le gustaría volver a ser esa chica valiente, decidida y soñadora que bailaba sobre los tejados. La chica del abrigo negro y el pelo de fuego. La chica con mil historias que contar, la que bailaba frente al espejo, la de los conciertos de piano a media noche, la optimista, la de la sonrisa eterna, la de las constelaciones en su mirada, la que confesaba secretos a la luna llena y la que siempre se mantenía en pie dispuesta a ganar una y mil batallas. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Miserable

Parecía que se alimentaba del dolor ajeno como la excusa perfecta para dar rienda suelta a su maldad. Nunca se había preguntado por qué le satisfacía tanto ser cruel con todas las personas que se cruzaban en su camino, quizá la vida le había enseñado que debía disparar primero, pero se sentía más fuerte y poderoso cada vez que escupía frases llenas de odio y desprecio. No lo iba a negar, observar las caras de horror de aquellos que recibían sus dardos de rabia, le ponían cachondo. Notaba como una sonrisa perversa curvaba sus finos labios y una risa histérica surgía a borbotones desde el centro de sus entrañas.

Sin embargo, nunca pudo imaginarse que aquella extraña afición tendría fecha de caducidad, pues la mayor parte de las personas a quien había herido de gravedad, eran personas débiles, sin autoestima, enclenques, quebradizas y, por supuesto, nunca habían podido defenderse sin morir en el intento. 

El primer golpe lo recibió en los cimientos de su pequeño universo. No lo vio venir y la punzada de dolor le dejó sin aliento. Bizqueó repetidas veces para encajarlo, pero por primera no pudo replicar nada. El segundo le atravesó como un proyectil, de lado a lado, desgarrando el placer y las sonrisas burlonas que tanto le caracterizaban. Se sujetó con ambas manos el costado, sintiendo como la sangre se derramaba entre sus dedos. Aquello no podía ser cierto. Él era invencible. 

Intentó arremeter una vez más contra su enemigo, quien permanecía inmóvil e impasible. Era como un muro de acero y hormigón. Nunca había visto nada igual. Respiró profundamente y jugó con el último as de su baraja. Estaba acorralado y odiaba sentirse inferior. 

Una vez más, percibió la agonía clavándose como alfileres en cada centímetro de su cuerpo. Aquel último golpe era letal. Boqueó en busca del aire que se escapaba de sus pulmones sin poder hacer nada por retenerlo. Cayó pesadamente sobre el suelo sin a penas hacer ruido. Aún tanteaba a la nada en busca del último clavo que pudiese salvarle. 

Su reino de tormentas y miseria había caído con él. 


domingo, 7 de febrero de 2016

Ausente

Entrecierro los ojos frente a mis libretas en blanco. Demasiadas páginas vacías de letras, pensamientos y tinta. Quizá ya no tenga nada que decir. O ya no sepa como hacerlo. Me entristece pensarlo. Escribir siempre ha sido una parte fundamental en mi vida, una forma de escapar de todo lo que me rodeaba, ver las cosas con perspectiva al cabo del tiempo, hacer inmortales a ciertas personas que están o que ya se han ido. Escribir siempre ha sido una prolongación de mi cuerpo, de mis alas, de mis sueños. 

Me niego a cerrar este espacio donde he conocido a gente maravillosa, donde he aprendido, reído e incluso llorado. Quiero seguir construyendo universos paralelos y alter egos; cerrar puertas, descoser nudos, completar círculos... 

Últimamente siempre escribo sobre lo mismo, sobre el vacío, el hastío y amores mal curados. Estoy cansada de nadar entre las mismas aguas, de esperar trenes que no terminan de llegar y otros que no terminan de irse. Quizá sea yo misma la que no termina de hacer o de deshacer. Supongo que es importante darse cuenta de cuándo estás llegando al final del camino, aunque no se tenga ni idea de hacia donde caminar después. 

Siento mi ausencia. Y siento no pasarme tan a menudo por vuestros rincones llenos de magia. Este año no me he propuesto ninguna meta a largo o corto plazo, pero me gustaría, al menos, seguir dejándome caer por aquí. 

Gracias por leerme. 

domingo, 17 de enero de 2016

Nudos

Aún soy capaz de decir frases coherentes. Al menos en mi cabeza tienen sentido. No sé. Estoy bebiendo ginebra sin limón. Me estoy emborrachando lentamente y ni siquiera soy consciente de ello. Creo. 

Hoy es domingo. Se supone que debería estar preparando una presentación para mañana, para clase. Hablar durante 40 minutos sobre la economía de un país no tiene nada de interesante. No tiene sentido. No sé por qué estudio esta carrera. 

Ed Sheeran inunda mis oídos como una corriente agua salada. Me gustaría ser él. U otro alguien que supiese cantar y tocar la guitarra a la vez. Dar conciertos. Que las chicas que no te conocen de nada griten tu nombre y se acuesten contigo bajo luces de neón y noches eternas. 

No sé por qué estoy pensando en esto. Mi vida últimamente pasa demasiado deprisa, ni siquiera tengo perspectiva de lo que sucede a mi alrededor. La ginebra me hace sentir bien. Podría emborracharme todos los domingos y jurarme que cambiaré de vida. 

Tengo los labios dormidos, me pesan los párpados. Pienso en ella. Ya no la hecho de menos, aunque a veces me la imagino arrinconándome contra el muro de aquel mirador, mordiéndome los miedos como si el mundo se fuese a acabar mañana. Me pregunto si ella aún me recuerda. Yo sí. La amaré por siempre, aunque suene demasiado loco o estúpido. Y si me preguntan, lo negaré siempre. 

Quizá solo fuese un sueño. Si nos volviésemos a encontrar le recordaría por qué la quiero en 65 palabras. Aunque ella escriba cartas a otros chicos, bese otras bocas y se enamore de otros cielos. La querré aunque baje lunas a otros lunares, aunque bucee en otras pupilas y respire de otros alientos de canela y margaritas.

Joder. No quiero estudiar. Quiero perderme para siempre en esta semi inconsciencia que hace que me aleje de todo lo que duele. Tengo miedo y a la vez quiero ser valiente. 

¿En esta vida no vale sólo con respirar?

viernes, 8 de enero de 2016

Merece la pena sobrevivir

De todas las ciudades del mundo, tuve que venir aquí. Mi “yo” romántico pensó que sería una gran experiencia buscarme la vida en una ciudad extranjera, sin imaginarme que los días se resumirían en un ir y venir de trabajos mal pagados, noches de insomnio y rabia muda. 

Cada mañana busco en el fondo del armario la mejor sonrisa para derrotar todos mis miedos. La música siempre me acompaña allá a donde voy e intento vestir mi cuerpo con faldas de colores y recuerdos de luz. 

Y a pesar de la soledad, el frío, la lluvia y la niebla, sé que estoy creando una mejor versión de mi misma. He dejado de fumar, beber alcohol y salgo a correr todas las mañanas antes de ir al trabajo. He descubierto que me encanta cocinar, aunque sólo sea para mi y ya no me muerdo las uñas. También he vuelto a escribir y, de esto último, es de lo más orgullosa estoy. 

Me he comprado un cuaderno donde retener los siete latidos de distancia que me separan de la mirada fugaz del chico de pelo revuelto de la estación y escribir todos las palabras que jamás me atrevería a susurrarle al oído. También dibujo, pinto y me desahogo. Escribo cartas, letras de canciones y versos libres de poesía barata. 


Quizá mi “yo” romántico no se equivocaba del todo y, aunque sobrevivir a veces no se me de muy bien, creo que merece la pena.