Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

viernes, 30 de octubre de 2015

Quédate

(Imagen de @Lybelulae)

La casa está vacía sin ti: la cocina, el salón, el cuarto de baño, mi habitación, mis sábanas, mis sueños, mis sonrisas, mis labios... Quería escribirte un poema de amor, pero las palabras se me quedan colgando entre los dedos cuando el recuerdo tus abrazos atraviesa mis pestañas. Lo siento, me encantaría ser capaz de escribir nuestra historia, con todas esas cosas que nunca te diría, o con todas aquellas que te gritaría con el corazón a quemarropa. Sin embargo, me quedo en blanco, sin saber muy bien qué decir, como la primera vez que nos conocimos, como cuando me abrazas y las piezas de esta vida sin sentido, encajan a la perfección. Como cuando hablas de lo que te apasiona, de lo que conoces, de lo que has descubierto, como cuando me miras por las mañanas al despertarnos juntos. Como cuando nuestras carcajadas se cruzan a través del espejo del cuarto de baño al lavamos los dientes, como cuando sin saber muy bien como, haces que todos mis monstruos sean un poco menos fieros y yo, un poco más valiente. Como cuando rasgueas las cuerdas de todas mis guitarras, como cuando me llevas la contraria y encima tienes razón, como cuando consigues que todos mis escudos se rompan contra el suelo y aparezca yo, más fuerte que nunca...

Ya te echo de menos, y joder, sólo hace dos días que te has ido.

viernes, 9 de octubre de 2015

El recuerdo de lo que un día fue

Le pesan sobre los hombros más de cuatro meses de apatía, ansiedad, monstruos, inseguridades y desgana. La palabra que se repite una y otra vez dentro de su soledad es la desidia. Camina por la cuerda floja y siente que está a nada de dejar de luchar y hundirse definitivamente en el hastío. Desata su ira contra los que están a su alrededor, cuando a quien debería empujar y agarrar con todas sus fuerzas es al recuerdo de lo que un día fue, para traerlo de vuelta a la superficie. 

No tiene muy claro cómo ha de salvarse, pues siempre había tratado de hacerlo primero con el resto del mundo. ¿Y si no podía? ¿Y si ella misma ni siquiera quería ser rescatada? 

No podía creer que después de tan largo camino decidiese rendirse. Se miró al espejo una vez más, asomándose a sus ojeras, a sus mejillas enrojecidas por las lágrimas saladas, a su pálida piel, a su despeinada melena, a aquellas marcas en sus brazos y piernas, a su dolor y a su rabia. Recordó aquella frase: "Todos necesitamos que alguien crea en nosotros". Y sin a penas pestañear, se espetó: 

YO CREO EN TI. 

martes, 6 de octubre de 2015

Escrito Automático

La noche estaba allí, asomándose tras sus pupilas, mordiéndolas, arrancándoles cualquier rastro de luz. 

Supuso que saltar al vacío en aquellas circunstancias era lo mejor que podía hacer si quería descubrir qué se alzaba al otro lado, como si soñar no le fuese suficiente para imaginar que el límite se encontraba donde terminaban sus besos. No podía asegurarlo, pero tal vez sus abrazos pudiesen librarla del gélido fuego de la distancia; que, salvada ésta, volver por donde había venido quizá fuese lo más sensato. No imaginó entonces que la magia se encontraba a cinco suspiros de distancia, entre el hueco de sus clavículas y sus pupilas, con la noche asomándose a ellas, devorándolas, arrancándoles cualquier rastro de luz. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Oportunidad

Esperar, no enfadarse nunca por nada ni con nadie, no decir lo que pensaba e intentar quedar siempre bien con todos, había sido el lastre por el cual se había ido consumiendo lentamente. Miraba a su alrededor y no encontraba rastro de aquello a lo que había llamado amistad. Tampoco quedaba rastro de ella. 

El monstruo de la Autodestrucción y de la Baja Autoestima habían acampado en sus pensamientos por tiempo indefinido, encontrando cada vez más divertido susurrarle al oído todo aquello que estaba haciendo mal, y lo minúscula y despreciable que era. 

Había tratado por todos los medios de encajar, aferrarse a ese pequeño círculo por no navegar una vez más a la deriva de su soledad, sin darse cuenta que ella misma se estaba perdiendo, que estaba dejándose de lado. 

Aquello tenía que cambiar. Ella misma tenía que cambiar. No recordaba la última vez en la que se sentía a gusto en su propia piel, quizá no lo había estado nunca. Su cabeza siempre iba a más revoluciones de las que se podía permitir, devorando cada resquicio de su positivismo y motivación. Era su propia relación tóxica. 

Así que, haciendo acopio de toda la valentía que pudo reunir, se dijo: 

"Día doce sin mi: he conocido a alguien, soy yo. Voy a darme una oportunidad".