Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

viernes, 30 de enero de 2015

Erika

Reparé en ella con interés. Nos separaba el tráfico de la ciudad y el cristal de una cafetería. Su mirada, aunque gélida, centelleaba con la fuerza de quien ha sido herida recientemente. Su ceño fruncido, parecía indicar que atacaría a la mínima debilidad. Sus labios se contraían formando una delgada línea blanca, como si a la vez estuviese luchando contra sus propias lágrimas, convirtiéndose en un mar de contradicciones. 

Tal vez acabasen de despedirla del trabajo, o quizá había pillado a su novio con otra tía. Quizá algún familiar había muerto, o simplemente aquel día se había permitido sentirse triste sin ningún motivo o razón especial. 

Vestía de manera sencilla. Jeans ajustados, blusa blanca, ligera, cazadora negra de cuero, zapatos estilo boyfriend negros, melena corta, ondulada, desenfadada, de color marrón chocolate, piel blanca, mejillas sonrosadas. 

Inconscientemente empecé a dibujarla a trazos rápidos en la servilleta. Garabateaba aquí y allá todo lo que me sugería: fuerza, decisión, felina, herida, orgullo, sentimientos, dudas, frágil, huracán, tormenta, mordaz, sarcástica... 

Cuando volví a levantar la mirada había desaparecido. Miré desconcertado con la esperanza de volver a encontrarla de nuevo, sin éxito. Apuré el último sorbo de aquel café amargo, y con un gesto, indiqué al camarero que me trajese la cuenta. 

Observé de nuevo el dibujo que había trazado, quizá después de todo no había perdido todas mis facultades tras años de estudio en bellas artes. Una sombra apareció ante mi, sin levantar la mirada, eché mano a la cartera que guardaba en el bolsillo de atrás del pantalón:

- ¿Eres una especie de voyeur? - una voz aterciopelada y de un matiz peligroso me sacó de mi ensimismamiento. 

Levanté la mirada y allí estaba ella. 

- Sólo aprecio... el buen arte... - alcancé a susurrar con cautela. 

Lanzó una sonrisa gélida y se dejó caer en la silla de enfrente. 

- ¿Y qué escribes?
- Lo que me sugieres...
- ¿Y qué te sugiero?
- Soledad, escudos, fuerza, orgullo, fragilidad, sentimientos...
- ¿Qué eres una especie de psicólogo?
- No... Estudié bellas artes y... 
- ¡No me cuentes tu vida! - me cortó, haciendo a su vez un gesto con la mano. - Perdona chico, he tenido un día muy duro... ¡Camarero, ginebra, sin hielo! Y bueno... - apoyó su rostro contra sus manos. 

La miraba estupefacto, sin saber muy bien qué decir, o qué hacer. Era totalmente impredecible.

- Me llamo Erika.

2 comentarios:

María dijo...

Guau, me ha encantado. Me haya hecho meterme de lleno en la escena...

Saludos, te espero.

La vida Bohemia dijo...

Como todo los buenos artistas,
siempre captan al instante la belleza en una obra de arte.
Besos