Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

domingo, 29 de junio de 2014

Remedios caseros

- ¿Qué tal estás pequeña? - escucha su voz al otro lado de la línea. 
- Mal... ¿tú te crees que a estas alturas del año me tengo que poner mala de gripe? ¡No he terminado los exámenes! … - reprocha desanimada.
- No te desesperes… descansa mucho y estudia lo que puedas, ya verás como en un par de días te encuentras mejor. - Sus palabras son como un bálsamo, sin embargo...
- No tengo tiempo, me dan ganas de llorar… Y este dolor… ¡Parece que me han dado una paliza! Buf, lo siento mucho, tenemos que colgar, me sigo encontrando muy mal… - se muerde los labios intentando no derramar ninguna lágrima.
- ¿Me estás diciendo que mis palabras no son homeopatía en tus oídos?

martes, 24 de junio de 2014

Mucho ruido, poca compañía

Es más triste sentirse sólo rodeado de gente, que vivir acompañado de tus propios monstruos.




No sé qué le pasa al escritorio de Blogger
que no me permite ver vuestros últimos posts. 
No sé si os ocurrirá lo mismo.
Espero que lo solucionen pronto.

martes, 17 de junio de 2014

Pirineos



Hoy pienso dejar la ventana abierta 
para que todas las estrellas del cielo te iluminen los sueños.

martes, 10 de junio de 2014

Quién pensó el guión

Me estremecí pensando que, quizá, de nuevo, había llegado el momento de salir de la ciudad. Esta vez no era otro de esos bucles infinitos de café amargo y ganas de huir. Ahora hablaban mis puños cerrados, mi ceño fruncido y mis labios entrecortados. Tenía que salir para volver a quedarme.

Giré a la izquierda por la carretera del vertedero. Entorné los ojos para contemplar todos aquellos restos de electrodomésticos, piezas de coches, y comida en descomposición, amontonados unos sobre otros, abandonados a su suerte.

Ciertamente no era el lugar más bonito del mundo para pasar una tarde de domingo, pero era la metáfora que más se acercaba a mis intenciones.

Giré a la derecha, dejándolo atrás, y me encaminé hacia el mirador. Cuando estuve lo suficientemente cerca del precipicio, apagué el motor y salí del coche. Alguna vez había pensado en hacer un "Thelma y Louise", pero no hay suficiente distancia para hacer algo bonito. 

Exhalé una bocanada de aire. Noté como mi cuerpo entero comenzaba a temblar. Entonces entraste en mi mente como un huracán desbocado. Sonreí con amargura. Allí estabas, claro que sí. Nunca te habías ido, o yo nunca te había dejado marchar. En realidad te estaba esperando. Esperaba ver tu cara de nuevo, tus ojos almendrados, tus labios, tu imperceptible sonrisa, tu pelo negro, tus manos, tus... 

“¿A que no sabes donde he vuelto hoy?” susurré. 

Esperé tu respuesta mientras mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Odiaba mi debilidad frente a tu recuerdo. 

“T-e o-d-i-o” musité despacio, recalcando cada letra. “Te odio”, esta vez lo dije en voz alta. 

Respiré con profundidad, cerré los ojos, y desde mis entrañas, con todas mis fuerzas, grité.

miércoles, 4 de junio de 2014

Eliminar y salir

Miré con desprecio la pantalla de mi móvil. Parpadeó indicándome que alguien, o quizá no, reclamaba mi presencia. Cómo odiaba aquellas aplicaciones. En incontables ocasiones me había visto tentado a lanzar aquel aparato infernal a la alcantarilla. "Estarás siempre disponible", rezaban los anuncios publicitarios, vendiéndote la mejor idea del mundo. ¿Y qué pasa si yo no quiero estar siempre disponible para todo el mundo?

Un nuevo mensaje. Un correo. Nada relacionado con mis intenciones kamikazes, radicales e inminentes de salir de ese pequeño espacio de interminables rencores acumulados. Quizá después de todo era libre. Quizá después de todas aquellas peticiones de amistad, fotos compartidas, bailadoras flamencas y mierdas con ojos, no era más que un número que engordaba el ego narcisista de más de uno. Quizá ahora la amistad consistía en eso, en estar permanentemente conectado, disponible y dispuesto a reírle las gracias al intelectual de turno. 

Amistades desvirtuadas. 

"¿Eliminar chat y salir del grupo?". 
Confirmar.

Sonreí satisfecho y aliviado. En ese momento me di cuenta de a quien realmente le importaba, a quien nunca le importé, y lo feliz que puedes llegar a ser sin la necesidad de estar permanentemente conectado al mundo.