Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

martes, 10 de junio de 2014

Quién pensó el guión

Me estremecí pensando que, quizá, de nuevo, había llegado el momento de salir de la ciudad. Esta vez no era otro de esos bucles infinitos de café amargo y ganas de huir. Ahora hablaban mis puños cerrados, mi ceño fruncido y mis labios entrecortados. Tenía que salir para volver a quedarme.

Giré a la izquierda por la carretera del vertedero. Entorné los ojos para contemplar todos aquellos restos de electrodomésticos, piezas de coches, y comida en descomposición, amontonados unos sobre otros, abandonados a su suerte.

Ciertamente no era el lugar más bonito del mundo para pasar una tarde de domingo, pero era la metáfora que más se acercaba a mis intenciones.

Giré a la derecha, dejándolo atrás, y me encaminé hacia el mirador. Cuando estuve lo suficientemente cerca del precipicio, apagué el motor y salí del coche. Alguna vez había pensado en hacer un "Thelma y Louise", pero no hay suficiente distancia para hacer algo bonito. 

Exhalé una bocanada de aire. Noté como mi cuerpo entero comenzaba a temblar. Entonces entraste en mi mente como un huracán desbocado. Sonreí con amargura. Allí estabas, claro que sí. Nunca te habías ido, o yo nunca te había dejado marchar. En realidad te estaba esperando. Esperaba ver tu cara de nuevo, tus ojos almendrados, tus labios, tu imperceptible sonrisa, tu pelo negro, tus manos, tus... 

“¿A que no sabes donde he vuelto hoy?” susurré. 

Esperé tu respuesta mientras mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Odiaba mi debilidad frente a tu recuerdo. 

“T-e o-d-i-o” musité despacio, recalcando cada letra. “Te odio”, esta vez lo dije en voz alta. 

Respiré con profundidad, cerré los ojos, y desde mis entrañas, con todas mis fuerzas, grité.

3 comentarios:

Amanecer Nocturno dijo...

Una huída de vez en cuando salva. Y un desgarramiento desde dentro, un grito sin control, también.

Abrazos.

Lào. dijo...

Muchas veces necesitamos desahogarnos, gritar al vacío que no queremos más recuerdos para que finalmente se vayan; para sentirnos algo mejor (si se puede).
Una entrada desgarradora.

*abrazos*

Pececillo Carrousel dijo...

Ya me conquistaste con el título de la entrada y ese 1999.
Las personas somos así, tenemos un punto flaco escondido bajo los calcetines de alguna otra persona. Esa que nos hace morir, que nos hace gritar. Y al igual que contra los monstruos, también hay que combatir contra esas personitas que despiertan el odio más sincero (o el amor más pasional, en el fondo).
Aunque a veces... sólo queda gritar.
Preciosa entrada, en serio :)

Miss Carrousel