Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 2 de febrero de 2014

Doble o Nada

(Fotografía realizada por Leyre L.G)

He comenzado a vivir los fines de semana a través del filtro ambarino de las cervezas que compro en el supermercado de la esquina. Soledad, bendita soledad. Seis botellines son suficientes para inyectarme la chispa adecuada para sobrevivir. No soy alcohólico, pero ¡joder! Después del curro entre semana, lo único que deseo es desconectar, perderme, volar. Y más si este miércoles, el destino ha querido cruzarme contigo. Amor, siempre es lo mismo. Los mismos bucles infinitos a los que tiendo a caer una y otra vez. Me niego a dejar de quererte, aunque me vuelvas la cara cada vez que me cruce contigo, aunque te vea de la mano de otro tío, aunque... 

¿Me dejaste? ¿Te dejé? ¿Nos dejamos? No recuerdo. Aún guardo el jersey que te olvidaste en mi armario cuando recogiste todas tus cosas y te marchaste dando un portazo, con todo ese revoloteo de las últimas palabras que nos dijimos flotando en el pasillo, descolgándose de mis labios, huyendo de tus ojos. 

Lo tengo colgado de la pared, como un cuadro de exposición de arte moderno. Está allí para recordarme que fuiste real y no un sueño efímero, o una película de ciencia ficción. 

La cerveza no hace que vuelvas, quizá fue ella la causante de que me dejases con lo puesto, con el presente y el futuro patas arriba, con mi corazón desgarrándose mientras te alejabas a cámara lenta, dejándome a oscuras, camino de la locura, mientras me preguntaba si volvería a verte, si existen las segundas oportunidades, o solo soy un caballero desterrado con castillos en el aire. 

Hoy es domingo y la cuarta cerveza es la única capaz de hacerme reconocer que te echo de menos, que te escribo de madrugada, que lloro mordiéndome las ganas por salir a buscarte y que has sido la única capaz de dominar a este cabrón engreído. 

Que te quiero, por todo, por nada, por existir, por cruzarte conmigo, por haber dado la vuelta al mundo sin salir de la habitación, por haber vivido toda una vida con tan solo abrazarte.

Que no se vivir sin ti, 
que no puedo, 
que no quiero… 

4 comentarios:

Ana ✖ dijo...

Es una entrada preciosa, que me ha sobrecogido realmente. Me ha recordado mucho a alguien que conocí y me ha hecho pensar. Creo que estos son los mejores textos, los que te obligan a reflexionar.
Muchos besos.

Martina Romá dijo...

Elendilae... creo que es la entrada que más me ha gustado de tu blog, y mira que me encantan tus entradas...pero esta tiene un brillo especial, creo que te has superado!!
Describes a la perfección lo mal que se pasa después de una relación. Cuando te aferras a unos botellines de cerveza para olvidarle, o recordarle...
Cuando una cosa tan insignificante como una prenda de vestir se convierte en algo tan relevante que es imposible la idea de deshacerte de ello.
He notado también un sentimiento de orgullo que da personalidad al texto.
Enserio, ¡es genial!
Un besazo! :)

Naoko dijo...

"por haber dado la vuelta al mundo sin salir de la habitación"

Jo, que increíble es eso.
Me quedo con la intriga de si vuelve, de si aprende a vivir sin ella, de si aparece alguien...

Beso!

La vida Bohemia dijo...

Que no puedo sentirme pobre si con tu sonrisa me siento afortunado...
Excelente.
Sin palabras.
Un besazo pianista.