Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

jueves, 29 de agosto de 2013

Ni entonces, ni ahora


"Por desgracia en este mundo nadie vale si no tiene dinero".



martes, 20 de agosto de 2013

Enmudecida

Traspaso el papel
con las palabras que no hablo,
que no digo,
que me callo.

El silencio es mi segunda piel,
mi refugio,
mi calma,
vuestra tempestad.

Me encuentro
en mi mutismo selectivo,
me pierdo
en vuestros labios desgastados
de risa inquieta.

Me guío por vuestros gestos y maneras,
por lo que tratáis de ocultar tras la mirada,
tras los puntos suspensivos de vuestro discurso,
abrir la boca y no decir nada. 

Mi esencia son las comas,
las imágenes mentales,
un suspiro,
una melodía,

Traspaso el papel
con la tinta de mis versos,
con las palabras que no hablo,
que no digo,
que me callo.

lunes, 12 de agosto de 2013

Fugacis

El cielo se extiende ante nuestros ojos salpicado por miles de estrellas. A nuestro alrededor silencio, inmensidad. Nos sentimos sobrecogidos por el palpitar incesante de cada constelación, de cada conjunto de estrellas. 

Un meteorito surca el cielo de norte a sur, a penas nos da tiempo a atraparlo entre nuestras pestañas. Los deseos hay que arrojarlos a través de sonrisas. 

La magia comienza a producirse en el mismo momento en el que vemos una, dos, tres y hasta cuatro fugaces atravesando en silencio nuestras pupilas abiertas de sueños y ganas. Inmortalizamos cada instante con secretos y susurros, mostrando nuestro corazón de par en par, sin miedo. 

Siento mi piel electrizada por la emoción del momento. De nuevo, las Lágrimas de San Lorenzo se dejan caer, puntuales, en estos días de agosto. Pienso en la suerte que tenemos al estar en una zona alta, sin contaminación lumínica, sin nubes, tan solo rodeados por campos y llanuras, abrazados por millones de estrellas que tiemblan de emoción al ver nuestros dedos alzados por intentar rozarlas. Y es que por un momento nos fundimos con ellas, entre ellas, brillando con intensidad. 


- ¿No te sientes pequeño al mirarlas?
- Sí, me siento pequeño al mirarte...

domingo, 4 de agosto de 2013

Postcards from Paraguay

(Mark Knopfler and co.)
El escenario se erigía imponente ante nuestros ojos. La plataforma con luces, cables y altavoces reclamaba nuestra atención. El nerviosismo iba creciendo en nuestro pecho mientras esperábamos con ansiedad a que diese comienzo el espectáculo.  Las personas iban tomando posesión de sus asientos mientras hablaban y reían abiertamente. A todos nos unía el mismo placer: escuchar buena música en directo. 

De pronto, todo el recinto se quedó a oscuras. Del escenario emergieron luces de colores y todo el mundo comenzó a silbar y a chillar. Sentí como cada milímetro de mi cuerpo se estremecía con un escalofrío. Sonreí, el espectáculo estaba a punto de comenzar. 

Ocho personas surgieron entre bambalinas, los componentes del grupo entraban en escena con los brazos en alto animando al público. Rápidamente tomaron posesión de sus instrumentos: batería, guitarras, piano, teclado, violín y bajo. La voz grave del líder se dejó oír en el micrófono, dándonos la bienvenida. Aullé de alegría y aplaudí entusiasmada.

Las canciones se sucedían con ritmos alegres y rítmicos. Folklore y rock and roll unidos bajo los mismos acordes. Observé la complicidad entre los miembros del grupo, la sintonía que guardaban junto con sus instrumentos, como si les estuvieran haciendo el amor. Se miraban y se sonreían. Disfrutaban, se divertían, y lo transmitían hacia afuera como una onda expansiva. Estábamos hechizados bajo su influjo mágico, felices. 

El concierto finalizó tras dos bises, miles de aplausos y cientos de sonrisas. 

Cinco días después, sigue resonando en mi cabeza, como si me hubiese quedado atrapada en el espacio y en el tiempo. Y es que, no puedo vivir sin música.