Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

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Arpegios

viernes, 22 de noviembre de 2013

Salvar vidas

Me había pasado media vida intentando salvar vidas. Heridas del corazón, miradas perdidas, labios sin aliento, sin esperanza, sin sueños, manos vacías, bolsillos rotos. Era algo así como el ángel de la guarda que llega sin haber sido llamado, una luz al final del camino, el clavo ardiendo, la tabla de salvación en mitad del mar. Creía en el destino, en las vidas que se cruzan porque estaban predestinadas, y ahí estaba yo, intentando pegar los trozos de personas que se rompían sin poder evitarlo, que no sabían repararse, que no querían repararse. No pedía nada a cambio, sólo quería salvarlos. 

Sin embargo, hay personas que han decidido su propio final, se han convencido de ello, y aunque tú creas que lo mejor son otros caminos, no significa que deban seguirlos, aunque no estés de acuerdo, no tienes el poder, ni la decisión última para cambiar sus vidas. Quizá consigas salvar a alguien, pero quizá no. 

La gota que colmó el vaso fue cuando descubrí chicos de entre 13 y 16 años que habían perdido todo aliento por seguir adelante. Adolescentes que sentían que no les quedaba nada por lo que luchar, que sentían que solo estorbaban, que nadie les echaría de menos, que lo único que les animaba era la idea de quitarse de en medio. Y en contra de todo pronóstico lógico y racional, no querían ser salvados. ¡No querían vivir! No podía entender como alguien a tan tierna edad quisiera perderse para siempre.

La sensación de frustración y culpabilidad era inmensa. Frustración, porque estaban completamente cerrados en banda a colaborar. Culpabilidad, porque aún con buena intención, no siempre conseguía mi propósito. Y ese fue mi gran error: culparme de sus bucles y recaídas, haciendo míos los problemas de los demás.

Esas personas nunca pidieron ayuda, esos chicos y chicas nunca pidieron ser salvadas de sí mismos, y entonces no supe verlo. La clave es que solo puedes ayudar a quien quiere realmente cambiar algo de su vida. A quien te busca y hace todo lo posible por salir de su abismo. 

Así, me hice psicólogo, y dediqué el resto de mi vida haciendo lo que más me gustaba, pero con la distancia y la seguridad de quien sabe que el cambio, no solo depende de uno mismo o del profesional, sino de la persona que acude al despacho, con el firme propósito de salir adelante.

6 comentarios:

Alba Netzmare dijo...

Curiosa reflexión, y, a pesar de no haber vivido dicha situación, creo que muy cierta.
Pero sí es cierto que muchas veces he sido una de esas personas que se convencen de mi final, de que no puedo seguir adelante. Y no es cierto, ahora lo sé. Hace a penas unos meses decidí cambiar eso, ser más segura, tratar de ver el lado bueno y no centrarme siempre en lo peor. Y... No sé. Creo que me va bien. Creo que ahora puedo conseguirlo, y escuchar los consejos de los demás se me hace mucho más fácil, porque soy capaz de creer que seguirlos podría funcionar.
Me gusta ese nuevo yo.

<3

Martina Romá dijo...

¡Hola! he encontrado tu blog y me ha parecido muy interesante.
El texto que has escrito creo que tiene mucha razón, y es que muchas veces intentamos ayudar a personas que no tienen la intención de cambiar su vida y eso lamentablemente es un error.
Me gusta tu forma de ver la vida, es como diferente, ya que en esta sociedad no es lo que predomina, sino el mirar por uno mismo.
Un saludo y te espero en mi blog:)
Tienes una seguidora mas!

La vida Bohemia dijo...

Me fascina esta reflexión.
Totalmente de acuerdo con lo que dices, por muy duro que suene, es totalmente necesario separar trabajo con tu vida personal. Porque aunque sepamos que tenemos en nuestras manos la oportunidad de salvar al menos, una vida, no podemos ir cargando con los escombros que va dejando el huracán que a veces es la vida.
Porque entonces ya no podrías salvar, al menos, esa vida. Porque tú serías un escombro más.
Hay quiénes dicen que no sirve de nada ayudar a los demás si no podemos cambiar el mundo.
Pero siendo sinceros, a veces es más satisfactorio saber que has salvado UNA vida en vez de todas las vidas que hay en el mundo.
Porque sabes que esa persona ha recuperado el rumbo, esa persona ha vuelto a vivir y comprende el valor de una sonrisa.
Y no existe mayor satisfacción que verse realizado en el otro.
Ánimo pianista.

Cé. dijo...

No sé si hubiera valido para psicóloga. Me planteé estudiar la carrera, pese a que les odié durante la mayor parte de mi adolescencia. Ahora creo que me despiertan una relación de amor-odio, pero sin duda es duro ver cómo alguien se destroza y no quiere salvarle, y tú tienes que tirarle un chaleco tras otro.

Sara dijo...

Para ser psicólogo hay que VALER. Valer de verdad (y conozco a demasiadas personas con la carrera y jamás me pondría en sus manos).

Cómo jode intentar ayudar a alguien (con perdón de la palabra) y que éste se quede de brazos cruzados. A veces te dan ganas de pasar de todos, y que se solucionen las cosas ellos solitos.

Me ha gustado MUCHO cómo has enfocado la entrada.

Un saludo.

Hiponoe dijo...

Hay personas que piden ayuda en la mirada. O que no se han dado cuenta que la necesitan...eso conlleva tiempo. Mientras que haya personas dispuestas a ayudar no hay nada perdido. Supongo.