Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 4 de agosto de 2013

Postcards from Paraguay

(Mark Knopfler and co.)
El escenario se erigía imponente ante nuestros ojos. La plataforma con luces, cables y altavoces reclamaba nuestra atención. El nerviosismo iba creciendo en nuestro pecho mientras esperábamos con ansiedad a que diese comienzo el espectáculo.  Las personas iban tomando posesión de sus asientos mientras hablaban y reían abiertamente. A todos nos unía el mismo placer: escuchar buena música en directo. 

De pronto, todo el recinto se quedó a oscuras. Del escenario emergieron luces de colores y todo el mundo comenzó a silbar y a chillar. Sentí como cada milímetro de mi cuerpo se estremecía con un escalofrío. Sonreí, el espectáculo estaba a punto de comenzar. 

Ocho personas surgieron entre bambalinas, los componentes del grupo entraban en escena con los brazos en alto animando al público. Rápidamente tomaron posesión de sus instrumentos: batería, guitarras, piano, teclado, violín y bajo. La voz grave del líder se dejó oír en el micrófono, dándonos la bienvenida. Aullé de alegría y aplaudí entusiasmada.

Las canciones se sucedían con ritmos alegres y rítmicos. Folklore y rock and roll unidos bajo los mismos acordes. Observé la complicidad entre los miembros del grupo, la sintonía que guardaban junto con sus instrumentos, como si les estuvieran haciendo el amor. Se miraban y se sonreían. Disfrutaban, se divertían, y lo transmitían hacia afuera como una onda expansiva. Estábamos hechizados bajo su influjo mágico, felices. 

El concierto finalizó tras dos bises, miles de aplausos y cientos de sonrisas. 

Cinco días después, sigue resonando en mi cabeza, como si me hubiese quedado atrapada en el espacio y en el tiempo. Y es que, no puedo vivir sin música. 

5 comentarios:

Estefanía. dijo...

He vivido esa sensación. Pero todavía la sensación es mejor cuando eres tú quien está en el escenario. Tocando el instrumento que tanto amas. Sientiendo cada nota rozando tus dedos. Es fabulosa.
La música es un idioma que fascina a todo el mundo, pero todavía más a aquellos que de verdad la entienden.
Gracias por esta agradable entrada.
Muacs.
Estefanía.

Cé. dijo...

Me encanta ir a conciertos por la emoción personal y la atmósfera colectiva. Por cómo lo relatas tú también sientes esas cosas...
(No conozco el grupo, le echaré una oída :)

Lucia A. Pourtier dijo...

Me encantas los conciertos, pronto iré a uno de los Red Hot Chili Peppers, me encantan" Un beso cielo y pásate por favor

belleza subliminal dijo...

Que gran pasión!! y los directos es lo que tienen que o te ponen los pelos de punta y te reafirman la fuerza de esa buena música o te das cuenta de que a algunos les hace falta algo más que buena sinfonía jejeje

Besitos guapa!!

ohma dijo...

Grande Mark Knopfler!
Saludos.