Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 31 de marzo de 2013

No te quedes en la superficie

Llevaba media vida huyendo, no sabía si de él mismo o de las personas de su alrededor. Siempre se había definido como un alma errante, vago de recuerdos, viviendo la vida sin pensar en las consecuencias de sus actos, fluyendo a cada paso que daba. Filosofía sencilla de barra de bar a media noche. Su estrategia, si es que podía definirse así, era siempre la misma. Conocía a las personas, y si en un principio había algo que no encajaba con su forma de moverse, con sus valores, o sus creencias (si es que las tenía), decidía que lo mejor que podía hacer era volver por donde había venido. Quizá fuese su forma de salvarse de los peligros de ser un animal social, pero por esa regla se perdía a las tres cuartas partes de las personalidades con las que se cruzaba, sin profundizar nunca en ninguna relación. No había caído en la cuenta de que quizá ellos también utilizasen escudos con los que que no dejaban dilucidar su verdadera esencia. 

Quizá se había pasado media vida saltando de superficie en superficie, de máscara en máscara. 

La soledad no era algo que despreciase. Era parte de su piel, un tatuaje, una sombra que le seguía allá a donde fuese. La disfrutaba, la paladeaba siempre que podía, acompañado de una copa de vino y música de blues. Tal vez fuese un bohemio desterrado de los tejados, de los versos y los besos que las musas te conceden algunas madrugadas. Hasta que la conoció. 

"Quien diga que el amor no mueve o cambia el mundo, miente. Al menos en parte". Pensaba. Ella llegó de las estrellas, fugaz e intensa, haciendo temblar cada uno de sus cimientos. Ya no podía recular, no quería. Sabía que posiblemente lo destruiría, pero aquella vez no le importaba inmolarse, no pensaba huir. Se quedaría con los pies colgados de las nubes, y la cabeza dándole vueltas, ciego, sin pensar por primera vez en que se estaba condenando a llegar hasta el final, hasta que no diese para más. 

Dejó de escapar de sus miedos y se enfrentó a ellos. No podía seguir ocultándolos tras los rincones. Comenzó a vivir la vida, empezó a sentir las emociones más primarias a las que había estado negándose a lo largo de su pasado. 

"Si duele es porque estás vivo. Y es mejor eso que no sentir nada". 

Y es entonces, cuando a pesar del daño, de las heridas de guerra, de las caídas y del miedo, dejó de huir para siempre.

Porque a pesar de todo, merece la pena.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y porque lo que no merece la pena es...quedarse en la superficie....

desastreAnimal dijo...

Si duele es porque estás vivo... cuanta razon...