Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

miércoles, 31 de agosto de 2011

Forever - Chris Brown (A Capella Cover by Mike Tompkins)

Quería compartir con vosotros a este genio y figura.

Creo recordar que no es la primera vez que os pongo un video suyo, así que, sin más dilación, os dejo disfrutar de la música en estado puro.

martes, 30 de agosto de 2011

Tierra y Aire

A mi me encanta la velocidad, por eso ayer, monté en mi pura sangre plateada y salí a quemar rueda en la carretera. No literalmente, claro, no soy de esos locos que pierden la cabeza por el humo y los aplausos de otros tantos fanáticos del asfalto. Es una forma que tengo para quemar las penas, toda esa rabia se la lleva el viento. 


Salí hacia el atardecer. Los últimos rayos del sol aún se pintaban en el horizonte con tonalidades anaranjadas y rojizas. Daban ganas de viajar directamente hacia allí; de pintarse el alma con aquel brillo y llenarse los pulmones de aquella calidez. Soy un romántico de las metáforas, si los chicos me oyesen, pensarían que soy un cursi de cuidado. 


El viento me silbaba en los oídos, empujaba mi cuerpo hacia delante y hacia los lados. Escudado tras el parabrisas, procuraba mantener el equilibrio lo más firmemente posible, primero una curva, después otra, una recta... La noche comenzaba a arroparme y las primeras estrellas asomaban vacilantes. Creo que en la otra vida debí ser algún tipo de ave, porque no entiendo cómo me fascina tanto el cielo. 


A veces me imagino recorriendo la carretera, una vía larga y estrecha que se pierde tras las montañas, mucho más allá del horizonte. Me imagino que el viento me empuja con fuerza, que abro los brazos en cruz, y que sin perder el equilibrio, me elevo por los aires. Pero no estoy tan loco para jugarme la vida de esa forma. 


Al bajarme de mi fiel corcel, vuelvo a poner todo mi cuerpo en la realidad. Si tuviese tiempo y dinero sería capaz de recorrerme el país entero sin bajarme ni siquiera a descansar. Es tan sólo un sueño que hace que esta rutina que corta mis alas, no parezca tan tediosa. Hasta entonces, me conformo con observarlo con añoranza, a sabiendas de que tarde o temprano, conseguiré alcanzarlo. 

sábado, 27 de agosto de 2011

Más allá

- Mira a tu alrededor, ¿ves algo interesante? - le preguntó Jorge.
- No veo nada... - musitó. 
- ¡Exacto! - exclamó de repente. 
- ¿Qué pasa?
- Podías haberme descrito el lugar en el que estamos, cómo es la luz del sol, ahora en invierno, aquellos niños de allí que juegan despreocupados en los columpios, los ancianos que les echan de comer a las palomas, el frío, aquella chica que camina con las manos en los bolsillos...
- ¿Y?
- Piénsalo. Cuando sepas de qué se trata, búscame, y trataré de ayudarte. 


Lo vio alejarse por el camino serpenteante hacia la salida del parque. Las últimas palabras aún revoloteaba en su mente, aquella pequeña charla lo había dejado más desconcertado que antes. Tan sólo buscaba compañía y ahora se encontraba con un acertijo, del cual, desconocía la respuesta. 


Jorge era un viejo amigo, psicólogo de profesión, con quien había pasado innumerables tardes tomando cerveza y jugando al billar. Aquella era la primera vez que lo veía realmente preocupado. Pero, ¿por qué? ¿por él? Se quedó de pie con el ceño fruncido, cavilando una posible respuesta.


Mientras, la pálida luz del sol se escurría tras los edificios creando alargadas sombras. El frío comenzaba a hacerse eco, aullando junto al viento que removía las hojas secas en el suelo. Ya no se escuchaban las risas de los niños, y las palomas habían alzado el vuelo, buscando refugio para la noche.  

viernes, 26 de agosto de 2011

Off-On

La velocidad de sus pensamientos conseguían asustarla, iban por delante de la expresión de sus palabras, y era en las noches, en la oscuridad, en la soledad, cuando la atrapaban en una espiral de la que muchas veces, no sabía cómo escapar. La engullían, la paralizaban y la hacían viajar hacia un futuro del que ni siquiera tenía constancia de que fuese a suceder así. 


Por primera vez deseó con todas sus fuerzas, poder presionar un botón que la desconectase de toda aquel torrente de ideas y pensamientos que la envenenaban. Un botón para dejar de pensar. Porque pensar se le daba demasiado bien, y poco a poco estaba perdiendo la capacidad y la ilusión de soñar. 

jueves, 25 de agosto de 2011

Fenómenos en la noche

Anoche, contemplaba embelesada las miles de estrellas que brillaban en el cielo, completamente despejado, perdiendo la cuenta de cuantas estrellas fugaces se dejaron caer en a penas media hora, cuando volvió a sucederse un acontecimiento digno de película de ciencia ficción. Parpadeé varias veces creyendo estar soñando, pero parecía tan real como el frío que atenazaba mi cuerpo en aquellos momentos. 


Era la segunda vez que ocurría. Sin previo aviso, destellos luminosos de luz blanca irradiaron desde algún punto del cielo, extendiéndose hasta donde alcanzaba mi vista, y desvaneciéndose con la misma rapidez con la que habían surgido. Parpadeaban un par de veces y después desaparecían. 


Recuerdo que todo estaba en absoluto silencio. Ni las cigüeñas aleteaban. Aquel juego de luces extrañas salpicaba la oscuridad en un baile mudo y siniestro. 


Intenté formular diversas hipótesis, pero ninguna me dejó absolutamente convencida de qué podía ser. Parecía como si alguien le hubiese puesto un potente flash a su cámara de fotos y estuviese intentando fotografiar el cielo. Sin embargo aquellos fogonazos cada vez provenían de un sitio diferente. No había nubes para que pudiesen ser relámpagos o rayos, y tampoco unos fuegos artificiales podrían durar tanto tiempo. 


Al ser la única lunática que contemplaba el cielo a aquellas horas, no podía comparar juicios hipotéticos, pues nadie más parecía estar divisando aquello. 


¿Qué puede ser? ¿Extraterrestres? ¿Naves averiadas? ¿Experimentos científicos secretos?

miércoles, 24 de agosto de 2011

Fantasía y Sueño

- Búscame, te estaré esperando al otro lado del horizonte, donde el cielo se funde con la tierra. 
- ¿Sabré llegar?
- Pregúntale a la luna, ella te guiará. 

domingo, 21 de agosto de 2011

Parpadea

Abrió el grifo de la ducha y se quedó inmóvil, con la espalda apoyada en la pared, mientras el agua caliente abrazaba a lengüetazos su cuerpo desnudo. Poco a poco se fue escurriendo hasta quedar sentada en el suelo. Entonces, un lamento, profundo y ronco, fue abriéndose paso desde el interior de sus entrañas, hasta hacerla estallar en amargas lágrimas. Su respiración se hizo entrecortada y sus mejillas se tornaron en color rojizo. 


El agua seguía salpicando sobre su pelo, sobre sus hombros, sobre su espalda... Se abrazó a sí misma. Nuevamente sintió el deseo de salir huyendo, de escapar, de desaparecer, de olvidarse de todo, de que la olvidaran del todo, de empezar de nuevo. 


Y a pesar de esa aparente frialdad, lo que más deseaba era que alguien en aquel preciso instante la abrazase. Que alguien le dijese que todo estaba bien, que era fuerte y que, pasara lo que pasase, iba a seguir adelante, que se lo merecía, que no se preocupase, que lo lograría. Necesitaba creerlo.  

sábado, 20 de agosto de 2011

Para Kashit0

¡Espero que te guste!

viernes, 19 de agosto de 2011

Dejándose llevar



De pronto, una canción de ritmos latinos inundó el bar. La melodía se sucedía con rapidez, siendo inevitable no dejarse llevar por aquella fuerza salvaje y sensual. Sin pensárselo dos veces, Lucía se acercó a  Mario, a quien llevaba observando desde la distancia la mayor parte de la noche, moviendo la cintura de izquierda a derecha, con la mirada clavada en su mirada, ambos sonriendo con picardía. 

Comenzaron a bailar cada vez más pegados, reduciendo la distancia de aquellos cuerpos que se buscaban hasta encontrarse, sincronizando el agitado vaivén de sus caderas, a un lado y a otro, hacia delante y hacia atrás, un juego encendido de manos que se deslizaban entre la cintura y el ombligo, tocando sin tocar, seduciendo, sin compromiso. 

La complicidad y las ganas por pasarlo bien se fue contagiando a lo largo de la noche. Lucía dejó de lado sus preocupaciones y por primera vez en mucho tiempo volvió a soltarse la melena, arrasando en la pista de baile como en los viejos tiempos.

martes, 16 de agosto de 2011

Teoría del amor

De conversaciones con los amigos, acabamos escribiendo teorías sobre el amor...


- Yo creo que hay dos clases de amor: el flechazo, que llega de repente y que te tiene en una nube con mariposeo en el estómago incluido, durante tiempo indefinido, que es pura química, pasión y totalmente irracional, y el amor verdadero, ese en el que te vas enamorando de la persona poco a poco, día tras día, y es el que al final permanece, es estable y duradero.


¿Qué opináis? 

lunes, 15 de agosto de 2011

Madrugadas

Le gustaban las madrugadas de las noches de verano porque podía permanecer a oscuras en el porche, sin que nadie le molestase, rasgando las cuerdas de su guitarra clásica, mientras contemplaba el cielo nocturno. A veces solía sintonizar una vieja radio que a duras penas conseguía, entre interferencias, radiar música. 


Le gustaban ese silencio y esa calma que conseguían devolverle las sonrisas que durante el día huían de su rostro. Posaba la mirada en el horizonte y dejaba que sus pensamientos le atravesaran el alma, con el peligro de traspasarle también su viejo corazón oxidado. Cada emoción, cada sentimiento se dibujaban con fuerza en su piel, provocándole un cosquilleo que le recorría de pies a cabeza, para derramarse con fuerza sobre sus mejillas. 


Era en esa soledad cuando se daba cuenta del camino que había recorrido y lo que le quedaba por recorrer.


Este ritual le daba fuerzas para afrontar sus miedos y ordenar sus pensamientos. Era la forma que tenía cada noche de reencontrarse consigo mismo y seguir adelante.  

viernes, 12 de agosto de 2011

Nunca lo olvides

Me miró, le miré y volvió a mirarme. Ninguno de los dos nos atrevimos a decirnos nada. Por aquel entonces éramos un par de adolescentes perdidos en nuestra caótica realidad. Estábamos llenos de rabia y ganas por comernos el mundo, por demostrarle a toda esa gente de nuestro alrededor, conocidos y desconocidos, que valíamos la pena. 


Era sábado noche, la gente se concentraba en los bares de la zona mientras reían, bailaban o cantaban. Yo permanecía en un rincón del bar, agazapada entre las sombras y los acordes de las canciones que retumbaban en nuestros corazones, alimentándome de aquellas miradas y aquellas sonrisas tímidas. Era mi amor platónico, idealizado, inalcanzable, imposible. 


Una conocida canción comenzó a retumbar entre las paredes. Me limité a dejarme llevar por aquellas letras, cantándola a voz en grito. Por un momento intenté no pensar en él. En él y su poderoso magnetismo. En él y su desvergüenza por la autoridad. En él, el chico que intentaba ser malo, pero que en realidad era más bueno que el pan.  


Y cuando ya creía que podía ser tan fácil no retenerle en mis pensamientos, ni fijar mi mirada en su mirada más de diez segundos, allí estaba, justo delante de mi. Dejé de bailar, dejé de pensar y hasta de respirar. Estaba muy cerca. El mundo a mi alrededor dejó de existir. 


Se acercó lentamente hasta quedar a escasos centímetros de mi oído, y con voz ronca me susurró:


- Por mucho que te guste esta música... ¡nunca olvides el heavy!


Dicho esto, se giró sobre sus talones y desapareció entre el barullo del bar. Tardé varios minutos en reaccionar. Las chicas que estaban a mi alrededor me miraban con curiosidad. No volvimos a coincidir de fiesta, y él ni siquiera recordaba haberme dicho esto.


Varios años después, aún sigo recordando con cariño aquel amor loco adolescente, puro e infantil, al que tantos pensamientos y suspiros le dediqué. 


Por supuesto... nunca he olvidado ni su frase, ni el heavy. 



miércoles, 10 de agosto de 2011

¡Eh!

("Atreverse a..." - Fotografía de Leyre L.G)

Atrévete... ¿capaz o incapaz?


martes, 9 de agosto de 2011

Blackout

Va a romper su brújula. Se ha dado cuenta que ha perdido de vista el sur y en su cuerpo se está instalando el frío norte. Ya no recuerda a qué saben las ilusiones, ni la esperanza, ni siquiera los juegos infantiles, como pedir deseos a las pestañas que se desprenden de su mirada. El pesimismo y la desconfianza se están cosiendo a sus sentidos, cegándolo de la luz de los días. Se siente perdido, un desconocido habitando en su propio cuerpo, como si no se perteneciese, como si se le hubiese olvidado el significado de la palabra tranquilidad. Necesita un cambio. 


Y mientras, permanece en silencio intentando cavilar en sus sentimientos, sin darse cuenta que la vida pasa fugaz a su lado... 




lunes, 8 de agosto de 2011

Stellas

("Estrellitas" - Fotografia de Leyre L.G)


Anoche decidí darme un capricho, y abriendo la ventana, me acurruqué en la cama del tal forma que en un sólo vistazo, pudiese contemplar el cielo estrellado. Una ligera brisa se colaba en mi habitación, trayéndome aromas de campo y hogar, enfriando mis pensamientos que por aquel entonces amenazaban con desbordarme. El silencio en las noches de verano consigue atraparme en su espiral, haciendo que las imágenes y los recuerdos revivan con tanta fuerza que me hacen temblar. 


El cielo nocturno estaba completamente despejado, pudiendo casi vislumbrar la vía láctea. Miles de puntitos, aquí o allá, parpadeaban incesantes, bailando y saltando en su propio fulgor, una danza mágica digna de ser admirada. No distinguí ninguna constelación conocida, así que me limité a observarlas, casi sin parpadear. 


De fondo, casi en un murmullo, la emisora de radio entonaba los últimos éxitos del verano. Canciones más o menos conocidas, que miles de jóvenes han bailado y bailarán en los chiringuitos y en las fiestas de los pueblos. 


Y justo en aquel momento en el que el grupo R.E.M. había comenzado a perder su religión y yo la fe por pedir un deseo, una estrella fugaz surcó el cielo. Desapareció con la misma rapidez con la que había surgido, pero en mi retina seguía presente la estela de su brillante vuelo. Trazó un arco perfecto, y se consumió en una chispa de fuego. 


Sentí un escalofrío que hizo que casi se me saltasen las lágrimas de emoción. Mi sonrisa formó el mismo arco que el que había trazado la estrella fugaz. Es tan sencillo a veces hacerme feliz, pensé. 


Durante los siguientes minutos pude cazar tres o cuatro estrellas más. Se descolgaban del cielo y en un breve pero magnífico resplandor, desaparecían.   


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En los próximos días, las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo (estrellas fugaces), se dejarán caer por el cielo del Hemisferio Norte. Son meteoros que transcurren a alta velocidad, radiando de la constelación de Perseo. Su máximo apogeo suele observarse entre el 11 y 14 de agosto. 


Desde que este blog abrió sus puertas, lo he recordado y recomendado todos los años. Si tenéis oportunidad estos días de contemplar el cielo, en una zona en la que no haya contaminación lumínica, hacerlo. Quien sabe, quizá podáis pedir más de un deseo. Se recomienda paciencia y constancia, suelen ser muy tímidas y no se dejan ver con facilidad. 


¡Buena suerte!

domingo, 7 de agosto de 2011

Cristal

Se sorprendió a sí mismo hablando de ella. De ella... de él... de los dos...


Se vio a sí mismo pronunciando su nombre sin ser consciente realmente de que estaba desenterrando una brecha que a penas había comenzado a cicatrizar. Recuerdos que reprimía con temor en lo más profundo de su corazón. Temor a sentir un balazo en el centro de su vida, a perder el control, a encontrarse de nuevo frente al espejo, cara a cara con sus ojos rojos, la boca seca, y la mirada perdida, dos pozos oscuros, reflejo de la más absoluta tristeza. 


Ella... 


Entonces calló, no pudo continuar, no se sentía con fuerzas, no podía y no quería volver a autodestruirse lentamente. Sabía cuánto la había querido, cuánto la había necesitado y cuánto había dependido de su hechizo embriagador. Sentía cómo sus latidos le partían por dentro, las lágrimas le ardían en los ojos, a punto de desbordarle, hundido, derrotado.  


Ella...


Su imagen seguía intacta en sus pensamientos. Idílica, perfecta. 




Suspiró enmudecido. Ahora tan sólo eran dos desconocidos...

viernes, 5 de agosto de 2011

Iris Rain

Posé mis dedos sobre el teclado. Las primeras notas, dulces y delicadas comenzaron a inundar la habitación, la sensación de calma y tranquilidad era insuperable. Alcé la vista para mirar a través de la ventana, los rayos dorados del atardecer se proyectaban contra los tejados de las casas, mientras la luna se sonreía en el cielo. Mi mente se quedó en blanco, canalicé la energía que fluía por mi cuerpo y la dejé salir a través de mis dedos para interpretar esta bella melodía... Espero que os guste:

jueves, 4 de agosto de 2011

Diario de Abordo

"¿Habéis sentido alguna vez el irrefrenable impulso de escapar de todo cuanto conocéis? ¿De girar una bola del mundo, cerrar los ojos y señalar un punto al azar? ¿De comprar una furgoneta, colgaros una mochila al hombro, un compañero de viaje, y lanzaros a la aventura de lo desconocido? 


Así estaba yo a la tierna edad de veintitrés años. Y digo tierna porque aún no eres una persona adulta, no tienes esa agonizante responsabilidad de formar una familia a toda costa porque se te va a pasar el arroz. Estás en el punto óptimo para seguir haciendo estupideces y tener el descaro de pedir antes perdón que permiso. 


Un día, tras sopesar los pros y los contras de semejante hazaña, decidí meter lo indispensable en una mochila: ropa, dinero, algo de comida, cámara de fotos, sonrisas, ganas y energía. Afuera dejé lo que seguro iba a ser un lastre para mi y para los que decidieran acompañarme: el miedo, el pesimismo, la vergüenza y la tristeza. 


Recorrí un cuarto del mundo, lo suficiente para que ahora se entrelacen miles de imágenes y momentos que guardo con cariño en mi corazón... Bailé en hogueras en la playa, hice el amor bajo las estrellas, aprendí a surfear, me tiré en paracaídas, me perdí por caminos y carreteras, hice autoestop, caminé bajo la lluvia, conocí a gente increíble que me acompañó parte de mi travesía, o travesura, según se mire. Aprendí a tocar la guitarra, me enamoré de miradas y sonrisas, volví a sentir ese amor adolescente y loco, ese tonteo y esa locura transitoria..."


[...]


En ese momento, Lily levantó la vista de la hoja de papel cuadriculado que había arrancado de su Diario de Viaje, las palabras y los pensamientos se arremolinaban en su mente sin orden ni concierto. Esbozó una sonrisa y continuó escribiendo, sabía cómo finalizar aquel capítulo.




"Y aún no he vuelto... Conocí a alguien con quien compartir mi por entonces, caótica vida, y me dejé llevar. Sabía que no aseguraba mi futuro, ni mi presente, pero era lo que dictaba mi corazón, y por una vez debía hacerle caso. 


¿Os cuento un secreto? Saltad. Quizá no un año, o un mes, pero sí una semana o dos. Saltad, dejar los miedos enterrados, y las energías fluyendo por vuestro cuerpo. Quien sabe, quizá eso os cambie para siempre. Quizá encontréis el significado de vivir, o el significado de la vida, de vuestra vida. 


Un abrazo,
Lily."




Y dicho esto, enrolló aquel pedazo de papel cuadriculado, lo metió en una botella de cristal transparente y lo lanzó al mar.

martes, 2 de agosto de 2011

Azul Eléctrico

("Fulgor Artificial" - Realizado por Leyre L.G)


Ayer hubo tormenta eléctrica, la más espectacular de todo el año. Comenzó con un leve pulsar de las nubes, como si toda la energía del cielo se estuviese concentrando en un sólo punto, ronroneando y rugiendo. 


Una fina llovizna se dejó caer con delicadeza sobre los tejados, a penas se podía oír su murmullo, pero era como si toda la tensión acumulada se convirtiera en suspiros de agua. Entonces ocurrió, el cielo se iluminó de un azul eléctrico tan sobrecogedor que no pude sino sentir un cosquilleo de exaltación en mis entrañas. En ese momento, tuve miedo. Los relámpagos se encadenaban unos a otros en a penas unos segundos. La noche se hacía día con un pálido resplandor. Destellos silenciosos electrizando el firmamento. Aquello era un despliegue mágico y espectacular de la naturaleza en estado puro.


Y allí estaba yo, agazapada en la ventana, viendo el maravilloso espectáculo de luces, contando los segundos entre cada centella y cada trueno, como si así pudiese predecir en que momento la tormenta se dispersaría y dejaría entrever el fulgor titilante de las estrellas. 
 

lunes, 1 de agosto de 2011

Voces de lo irracional

Allí estaba ella, de camino a ninguna parte, con los ojos empañados y la mirada ausente. El agua de la lluvia se fundía con sus lágrimas, con su lamento profundo y ronco que tiritaba en su resquebrajado corazón. A pesar de haber vivido treinta y cinco primaveras, seguía igual de perdida que cuando intentaba comerse el mundo a sus diecinueve. Sentía que en aquellas pedregosas sendas por las que había caminado descalza, crecían acantilados cuyo final no alcanzaba a ser abarcado a simple vista. 


Aquel viento de tempestades la había moldeado y convertido en lo que era ahora, no podía cambiar, aquella era su máscara. Era tan solo un recuerdo del optimismo que palpitaba bajo su piel, las sonrisas tan sólo eran muecas incompletas, las fuerzas flaqueaban en sus costillas, había olvidado el significado de la palabra amar... 


Sus facciones eran duras, frías, siempre alerta, sin permitir que nadie se acercase a ella, como un animal acorralado en su propia jaula. Desconfiada, sarcástica e irónica, seca en sus contestaciones, y cuadriculada en sus pensamientos de doble filo... 


Por una vez en mucho tiempo, quiso huir de su cuerpo, de su mente, de su presente, de su pasado y de su futuro. Quería reencontrarse, reescribirse, reinventarse. Pensó que quizá, después de todo, ella fuese su único y peor enemigo, y que tras esa tranquilidad y cordura, las voces de lo irracional le susurraban al oído que estaba sola, que se había convertido en invierno y sal, que sus latidos se habían marchitado en el mismo momento en que decidió cerrar la puerta a aquel frío abril de 1995.