Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

viernes, 23 de diciembre de 2011

Pensamientos desde el tren

("A través de la ventanilla" - Fotografía realizada por Leyre L.G)
Permanecí con la mirada perdida, tratando de ver más allá que la espesura de la niebla que nos envolvía, por la ventanilla del tren que avanzaba renqueante entre las montañas del norte. Nunca entendí muy bien el afán de algunas personas por veranear aquí; es un lugar gris, oscuro, aletargado...


La señora que tenía en frente había sacado todos sus bártulos de costura, y se preparaba para tejer, lo que supuse, una bufanda de lana, color rojo oscuro. Se la veía feliz, sonriente, con unos ojillos diminutos y unas manos ajadas por el tiempo, tejiendo y destejiendo su labor. Me parecía un perfecto símil de su vida. 


Miré la pantalla de mi móvil. Nada, la cobertura parecía haber muerto en el mismo instante en el que me subí a aquella cafetera con ruedas. Pensé que tal vez estaríamos descendiendo a los infiernos. Me reí por dentro. 


Entonces lo vi y pensé en ti. Pensé en lo mucho que te habría gustado estar ahí, conmigo, dando grititos de alegría mientras señalabas a la ventana, como una chiquilla que sale por primera vez de casa. 


Las nubes "volaban bajo", como solías decir. Se arrastraban a través de las laderas de las montañas muy lentamente, como si tuviesen vida propia. El cielo conseguía abrirse un poco, dejando entrever su azul invernal. Y más allá, montañas, niebla y nieve. Traté de verlo con tus ojos. Pegué mi frente al cristal, notando como el frío se extendía a través de mi piel, formando miles de escalofríos en mi espalda, como cuando tú me besas con esa delicadeza sublime. Créeme, la señora que tenía enfrente se me quedó mirando muy sorprendida. Era la primera vez en todo el viaje que me veía sonreír, que me veía emocionado por algo. 


- ¿Va a verla? - preguntó entonces.
- No... acabo de despedirme... - la miré con atención, tal vez además de costurera fuese bruja.
- Son duras las despedidas... ¿te esperará?
- Sí - respondí completamente seguro. 
- Entonces tendrás que sonreír más a menudo... las mujeres enseguida olemos la tristeza... - sonrió.
- Ya veo... - sonreí también.


Nos reconocimos a pesar de ser dos desconocidos. ¿Alguna vez has tenido la sensación de conectar con alguien casi al instante con sólo intercambiar un par de palabras, o una simple mirada? Comenzamos a hablar, a intercambiar aventuras y desventuras, experiencias, alegrías y tristezas... También le hablé de ti, de cómo nos conocimos, y como continuaríamos haciéndolo el resto de nuestras vidas. 


Te echo de menos... 

2 comentarios:

AmanecerNocturno dijo...

Jooo qué bonito.
Alguna vez me ha pasado esto, pero he de admitir que me gustaría que me ocurriera más a menudo. Es una sensación maravillosa sentir que de tienes mucho en común con alguien que acabas de conocer.
:)

Summer dijo...

Ya está, me acabo de enamorar.

Hacía tiempo que no leía una entrada tuya tan larga, y en cuanto la he visto me he frotado las manos, gozosa.

Es una historia preciosa :)


Un beso