Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

miércoles, 21 de julio de 2010

Trick


El local a penas estaba iluminado por una luz ambarina muy tenue. Las personas se sucedían en pequeños grupitos a lo largo de la barra, de las mesas o de los pequeños espacios que quedaban libres. La música estallaba desde los altavoces, quizá demasiado alta.

Estaba acondicionado como una casa antigua, las paredes, adornadas con cuadros de familias, el suelo, de madera, así como el resto del local, y del techo colgaban algunos instrumentos, o fundas de los mismos.

Era largo. Nada mas entrar, a mano izquierda, se encontraba la barra. Hacia la derecha, un pasillo central, y a los lados, pequeños rincones, casi ocultos de miradas indiscretas, una mesa y dos asientos, también de madera. Al fondo había otra pequeña zona, tal vez para no fumadores.

Decidieron acomodarse en la primera y única mesa libre que quedaba. Enseguida les atendió un camarero. Cocacola para él, Desperados para ella.

Las conversaciones iban y venían de un tema a otro, planes para el verano, deseo, miradas, alguna que otra caricia, besos, risas y sonrisas, el tarareo del alguna canción...

Al cabo de un rato, él decidió sorprenderla. Sacó del bolsillo de su cazadora una baraja de cartas.

- ¿No irás a jugar a las cartas ahora, verdad? - le dijo ella con una mirada de sospecha.

No dijo nada. Siguió tarareando una canción con una media sonrisa, mientras separaba los cuatro ases del resto de cartas. De su cartera sacó además, cuatro monedas de un euro. Las puso sobre la mesa, formando un cuadrado, con los cuatro ases sobre ellas. Entonces comenzó la magia.

Sus manos sobrevolaban las cartas, en gestos rápidos y sutiles, mientras las monedas iban desapareciendo y apareciendo misteriosamente debajo de la carta contigua, hasta que todas las monedas aparecieron debajo de una sola carta. La cara de sorpresa de ella no tenía desperdicio. Miraba de hito en hito primero a las monedas y después a él, que sonreía satisfecho, como un niño travieso.

- ¿¡Cómo lo has echo!? ¡Vuélvelo a hacer! - exclamó exaltada, intentando averiguar cual era el truco.

Él soltó una risita y volvió a hacer la misma operación sin ningún error. Ella parecía una niña pequeña. Se removía inquieta en su asiento con la mirada brillante y una sonrisa de oreja a oreja.

En ese instante fue como si la magia hubiese inundado aquel pequeño rincón, como si los hubiese unido más que nunca.

- Eres genial... absolutamente genial - susurró ella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya no se sabe que hacer para impresionar a una chica, los buenos magos no suelen contar como hacen sus trucos, generalmente adivinan en que mano tienes la moneda una y otra vez ¡Eso es magia! O adivinar en que color estás pensando...

Un abrazo Aura, t'estime