Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 23 de mayo de 2010

Ciento Seis



Por un momento cerró los ojos y revivió aquel instante como si aún estuviese ahí:

- Es un regalo - dijo.
- Pero... ¿Por qué? - preguntó sin entender nada.
- Porque sí, porque te lo debo...
- ¿Deberme? ¡A mi no me debes nada! Di que me lo regalas porque te apetece...
- No, no, porque te lo debo...

Le miró a los ojos, parecía que iba en serio, así que se dejó convencer.

- Está bien...

Una vez pagado salieron de la tienda.

- Pero tienes que firmármelo... - suplicó sonriente.
- Pff... ¡Sabía que me lo dirías! Si lo se, no te lo compro... - resopló.
- Aah...

Recordó también, aunque no sabía exactamente de quién había sido la idea...

- ... Y cuando termines de leértelo, me lo dejas a mi y así puedo leerlo yo también...
- ¡Claro! - dijo mientras pensaba que podría dejarle cosas escritas por el libro, y así después él las leería también y podría devolvérselas, aunque no se lo dijo.


Volvió a abrir los ojos. Se encontró de nuevo en aquel banco, viendo a toda esa gente que había decidido salir a dar una vuelta aprovechando el calor de la tarde. Se respiraba un ambiente a fiesta, a tranquilidad, a un verano que estaba próximo en llegar.

Recorrió con ligereza las hojas de aquel libro. Le quedaba poco para acabarlo, a pesar de que en ciertos momentos lo había dejado abandonado sobre su mesilla. Y de pronto, ahí estaban, las pequeñas notitas que había ido escribiendo al comienzo de éste. Sonrió sintiendo cariño y cierta nostalgia. Había tanto amor en aquellas palabras, que le parecía mentira que ahora casi ni si quiera le diesen una punzada en el estómago. Eran palabras divertidas, frases subrayadas a lápiz, párrafos rodeados en círculo, caritas sonrientes, hojas marcadas, estrellas, gatos, fechas...

Nunca se lo dijo, y tal vez fuese mejor así. Alguna vez había pensado en borrarlas, pero al final decidió no hacerlo, como un buen recuerdo, para mirarlas de vez en cuando. Volvió a la página donde había dejado el marca páginas y siguió leyendo, temiendo que aquello que intuía se hiciese realidad.


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