Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

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Arpegios

viernes, 23 de abril de 2010

Carambola


Platero y Tú sonaba de fondo en aquel bar de luz tenue y mesas de billar. El ritmo de una conocida canción se extendía eléctrica por los pies de los presentes. Cerveza y buena música, todo lo necesario para dejarse llevar en una noche sin preocupaciones, donde lo único posible a recordar eran los estribillos que se sucedían uno tras otro.

Una chica era el centro de todas las miradas. Jugaba en un billar, batiéndose en duelo con otro chico que la miraba desafiante, con una sonrisa de superioridad pintada en su rostro. A penas un par de jugadas y conseguiría machacarle, tan solo quedaban cinco bolas, dos para cada uno y la negra.
Era su turno, con suerte de una sola tirada conseguiría meter las dos, tan solo necesitaba de esa maestría que había adquirido después de muchas partidas, y un poco de suerte. Entonces vio como él se acercaba a uno de los extremos, con una sonrisa de suficiencia le tiró un beso al aire. Ese gesto le puso muy nerviosa, supuso que era lo que pretendía. Suspiró largo y tendido. Se inclinó sobre la mesa y puso de toda la concentración que fue capaz en aquella jugada.

Con un golpe seco, una de las bolas rayadas de él, chocó contra una de las suyas, haciendo carambola salieron despedidas hacia el lado opuesto de la mesa. La primera entró sin problemas. La segunda, observó, que estaba muy pegada a la banda, cerca del agujero. Tendría que darle en un extremo si quería que la bola entrase sin problemas.

- No la vas a meter - le dijo en un susurro al oído.

Le atravesó con una mirada furibunda y se concentró para la siguiente jugada. Muy despacio dejó que el palo rozase la bola blanca, que de un suave toque, empujó a la segunda bola hacia el agujero.

- ¿Decías?

La partida la tenía ganada, tan solo tenía que meter la bola negra.

En un absurdo movimiento, el palo resbaló en la bola blanca y falló el tiro. Maldijo para sus adentros.

Miró a su rival. Había aplaudido sonoramente, mientras se regodeaba ante el público. Buscó en una cajetilla de tabaco un cigarrillo, y se lo puso detrás de la oreja.

- Aprende del maestro nena - dijo entonces.

De un golpe, metió las dos bolas que le quedaban. Ahora tan solo quedaba la bola negra. En un gesto de alardeo, se colocó el palo por detrás de la espalda. Muy profesional. Mientras posaba su mirada lasciva en ella, sin tan siquiera mirar a la bola, dejó que el palo rompiese el silencio con la bola blanca, que salió despedida hacia la negra. Todo el bar contuvo la respiración mientras la bola negra se deslizaba a través de la mesa, acercándose peligrosamente a uno de los agujeros. Ella cerró los ojos, no quería ver su derrota. Entonces, una exclamación cargada de rabia le sacó del suspense.

- ¡¡Joder!!

La bola negra se había detenido junto al borde.

Entonces ella, con una sonrisa radiante, dio un ligero toque a la bola blanca y la bola negra se introdujo en el agujero. En aquel momento solo tenía en mente una frase. Llegó hasta la altura de aquel tipo que había sido su rival y le susurró:

- ¡Aprende de la maestra, capullo!


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