Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

lunes, 29 de marzo de 2010

Ojos de luna llena


Anoche hablé con la luna.

Era ya tarde cuando me tumbé en la cama con intención de dormir. Observé mi techo estrellado. En voz baja dije los nombres de las constelaciones y de algunas estrellas que aguardaban solitarias. Volví a sentir esa presión en el pecho que no puedo reprimir cada vez que me asaltan los recuerdos, e intenté ahogarlos entre la almohada con sollozos sordos y profundos, cuando de repente, escuché un gemido al otro lado. Un sonido gutural, como el llanto de un bebé desconsolado. Agudicé el oído y volví a escucharlo. No era la primera vez y creí saber de qué se trataba.

Subí la cortina, la persiana y abrí la ventana. Allí estaba, la luna. Estaba llena, muy alta y solitaria entre el inmenso cielo. Irradiaba tanta luz que era imposible ver las estrellas. Parecía que fuese de día.

Me pregunté si... me pregunté si tú estarías viéndola también, y sentí el impulso casi irrefrenable de romper las reglas de nuevo, pero esta vez, la razón se impuso a la "pasión", y creí hacer lo correcto, deseando solamente que desde donde fuese que estuvieses la estarías viendo también.

De repente, bajo el alféizar de mi ventana, aparecieron dos ojos azules, jóvenes, y aquel maullido ronco. Era la gata de mi vecina, una siamesa de pelaje corto y cuerpo pequeño. Asomé la mano con intención de acariciarla, a sabiendas de que mi "estúpido" comportamiento podría acarrearme piojos mas adelante. Pero soy una temeraria y decidí rascarle detrás de las orejas igualmente. A ella pareció gustarle.

También vi a las cigüeñas con su crotorar, ir y venir, recibirse cariñosamente y aparearse sin importarles la hora que fuera. Aquello era un concierto en toda regla y decidí grabarlo.

Tendrías que haberme visto, asomada a la ventana, mirando a la luna ensimismada, casi con ganas de ponerme a aullar y fundirme con ella.

Escuché al vecino mascullar y decir improperios, como en verano, no pude evitar reírme con ganas. Decidí intentar dormir, y bajé la persiana hasta dejar un resquicio de luz. Me tapé con la colcha de plumón hasta las orejas, aquello era como estar de tienda de campaña. La luna, la brisa, las estrellas, y el rumor de la naturaleza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Really nice ^^

Nuclear energy 4eva!