Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

domingo, 14 de marzo de 2010

III. Lucía



Trató de imaginarse al chico de prácticas, Víctor, como si estuviese allí mismo, sobre ella, mordiéndole el lóbulo de la oreja con ternura, con delicadeza, pasando su lengua como si estuviera lamiendo un caramelo, haciendo que se estremeciese cada milímetro de su ser. Sus manos la recorrían despacio, desde la mejilla, deslizando sus dedos por su cuello, enredándose en sus pezones, en su cintura, en su ombligo, en sus piernas...

Sus labios carnosos le comían ahora la boca, repasándole con la lengua entre sus dientes, entre su lengua, jugando, más lento y más rápido. Ella no podía hacer otra cosa que agarrarse a su pelo, a su espalda, arañando el deseo, y quería más, más y más. Quería que él fuese cariñoso y a la vez salvaje, que satisfaciese únicamente su ganas de sexo, solo para ella.

Se deslizó hasta su pecho, cubriéndola con sus manos, curioso, aventurero. Pellizcaba entre los dedos sus pezones endurecidos, de un color ahora oscuro, los besaba, los succionaba, los apretaba despacio, los mordía, los chupaba... Se mordió el labio inferior con intensidad, su excitación era cada vez mayor y notaba como su sexo palpitaba reclamando su atención.

Dejó que deslizase su mano hasta su clítoris. Le guió con sus manos para que apoyase su dedo pulgar en la base, haciendo pequeños círculos, mientras con el dedo corazón la recorría de arriba a abajo. Notaba cómo se iba humedeciendo cada vez más y ya no podía reprimir sus gemidos. Primero despacio, haciendo que cada caricia fuese de gran intensidad, después cada vez más rápido.

Vio como se enrojecía su piel, sus pechos habían aumentado de tamaño y notaba como una corriente eléctrica le recorría de pies a cabeza. Cerró los ojos con fuerza, y notó como poco a poco, muy intensamente, llegaba al clímax.

Contuvo la respiración.

Una explosión de placer se apoderó de su cuerpo. Lanzó un grito que resonó por todo el cuarto de baño. A penas duró unos segundos pero fue más que suficiente para llegar al cielo....




Continuará...


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