Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

jueves, 11 de marzo de 2010

I. Lucía

Lucía dejó su abrigo sobre la cama. Se sentía agotada después de un duro día de trabajo. En especial hoy, que había tenido que aguantar a numerosos clientes que parecían no tener otra cosa mejor que hacer que ir allí a tocar la moral. Notó como cada fribra de su ser pedía a gritos un buen masaje, necesitaba un buen baño de sales y espuma para relajarse. Se dirigió hacia el baño mientras se desnudaba por el camino. Ventajas de vivir sola. Los zapatos de tacón quedaron desperdigados por el pasillo, también la falda y la camisa, hasta las ganas de preocuparse por nada más que no fuese un momento de desconexión.

Cerró la puerta detrás suya y se miró al espejo, conjuntada tan solo con la braguita y el sujetador. Puso los brazos en jarras y comenzó a poner morritos y a sacarse la lengua. Todo por conseguir arrancarse la amargura que arrastraba. Recordó cuando su jefe la había llamado al despacho. Y recordó también cómo la había mirado, recorriéndola de pies a cabeza, casi desnudándola con lascivia. Se le encogió el estómago con aquella imagen y decidió sustituirla por aquel chico de prácticas que había entrado hacía un mes. Era un poco más jóven que ella, de unos 20 años, alto, delgado, de rizos oscuros y ojos castaños. Había compartido a penas unos pocos temas de conversación, pero se le veía encantador.

"Encantador..." pensó, y se echó a reír.

¡Está para que le echen un buen polvo! - le gritó con picardía a su imagen reflejada en el espejo.




Continuará...

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