Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

martes, 9 de marzo de 2010

Ansiedad


Él la miró de reojo mientras llegaba como una exalación y se sentaba a su lado, dejando con ferocidad los apuntes sobre la mesa. La miró extrañado. Vio como se sentaba con rigidez sobre la silla y comenzaba a rebuscar ansiosa en su bolso, mientras hablaba para sí en lo que parecían ser un contínuo ir y venir de improperios.


- ¿Estás bien?

Ella se volvió con rapidez, como si la hubiese asustado y se lo quedó mirando percatándose de su presencia.

- Sí

Y volvió a rebuscar entre carpetas y folios.

- ¿En serio? - dijo arqueando una ceja.
- No... - acabó resoplando. - Estoy nerviosa, pero no se por qué...
- ¿Estrés?
- Tal vez... Siento como si... tuviese un deseo irrefrenable de pegar a alguien, como si mi mano izquierda me gritara para que la liberase, una tensión que se extiende desde el cuello hasta los hombros. Ardo en deseos de ponerme a correr y no parar hasta caerme al suelo de cansancio. No puedo parar quieta, los profesores me ponen nerviosa, y sobre todo eso, las ganas de pegar a alguien...
- ¿Tengo que salir corriendo?
- Ja, ja, no... pero solo tengo esas ganas porque siento mi mano, mi muñeca y mi brazo tensos, ansiosos por sí solos, como si necesitasen algo a lo que han estado enganchados durante mucho tiempo, como una droga... Sí, lo se, no hace falta que me mires con esa cara, ya se que suena extraño, tal vez esté loca de remate con tanto puto examen una semana sí y otra también, pero... necesito reventar por algún lado... - dijo con rapidez, poniendose colorada en su discurso.
- ¿Sabes qué es lo que creo que necesitas?
- ¿Qué? - e hizo ademán de ponerse a rebuscar entre sus apuntes.

Él puso su mano derecha por debajo de su mejilla y se la quedó mirando fijamente.

- ¿Qué? ¿Qué vas a...

No le dio tiempo a acabar la frase porque él ya había puesto sus labios junto a los suyos. Fue un beso muy suave, dulce y cálido, que hizo que desconectase de todo ese torrente de pensamientos que la acorralaban.

Cuando abrió los ojos y volvió a la realidad, él la miraba con una media sonrisa tierna y le susurró:

- Necesitas relajarte...

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