Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

jueves, 28 de enero de 2010

La chica del abrigo negro



Suena el despertador, como cada mañana de aquella semana, demasiado pronto para que el sol roce ni siquiera el horizonte.

Se da la vuelta, rebuscando el calor perdido entre la doble capa de mantas, mientras, la estridente voz de los presentadores se hace eco en la oscuridad. No tiene ganas de escuchar idioteces, y estira la mano para apagarlo. Una vocecita rebelde se hace oír en su cabeza con la intención de enredarla entre las sábanas e impedir que cumpla con el compromiso de ir a clase. Pero la razón es más fuerte y gana el asalto a "las ganas de pasar de todo".

Coloca debidamente el portátil en la mesa de estudio, se tropieza con la silla y consigue llegar hasta la persiana. Levemente se filtra la luz ambarina de las farolas, el cielo aún está oscuro, y parece nublado.

Un desayuno con prisas y un poco de colacao es lo que necesita para salir corriendo si no quiere llegar tarde.

Llega hasta el paso de cebra, y al otro lado observa al chico que reparte los periódicos. Toda la semana había conseguido esquivarlo, aprovechando que alguna otra persona pasaba a su lado para volar literalmente por la acera y zafarse de su reclamo. Verde. Cruza ya alejándose de la trampa, cuando un "¡Hola" y una mano extendida la retienen en su huida. Ahí está, el chico de los periódicos triunfante, había conseguido colarle por fin los dichosos papeles a "la chica del abrigo negro". "Gracias" responde, y seguidamente lo guarda en el bolso. Sus manos ya están lo suficientemente frías como para llevarlas a la intemperie por mas tiempo.

Ataja por el parque, ahora desierto, donde unos tímidos pajarillos silban de vez en cuando desde las ramas más altas de los árboles. A su izquierda deja el estanque de los patos. Al fondo observa al cisne acicalándose las plumas. Todo parece en calma y sin embargo un nerviosismo creciente le oprime el pecho. Sin poder evitarlo, un torrente de pensamientos casi gritando dentro de su cabeza, se pelean por ocupar un puesto importante en la racionalidad. Intenta pensar en otra cosa. Mira de nuevo el reloj, casi por tercera vez consecutiva. Tanta prisa y al final llega pronto.

Y tras muchos números bailando en su cuaderno, unos dedos poco ágiles en la calculadora y más sueño que concentración, es momentáneamente libre. Sus pies caminan automáticamente por las aceras llenas de gente que va y viene. El sol brilla ahora entre las nubes...

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