Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

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Arpegios

jueves, 29 de octubre de 2009

Halloween



Miró a ambos lados del pasillo, asegurándose de que no había nadie alrededor. Prestó mas atención, pero no oyó ningún ruido próximo. Sigilosamente y de puntillas se situó ante la puerta del despacho de aquella tercera planta.

Acercó la oreja y se aseguró que él estaba dentro. Antes de decidirse a entrar, repasó mentalmente todos los acontecimientos ocurridos hasta la fecha. Inexplicablemente le había cogido asco, o si no asco, manía, una manía casi delirante, un odio tan profundo que a veces le costaba dominar. Pero ahí estaba, dispuesto a acabar con todo de una vez por todas.

De nuevo aquella tensión le estremeció. Notaba como la rabia se iba apoderando de su cuerpo, desde la punta de los dedos de los pies, hasta el pelo mas fino de la cabeza... Las manos comenzaron a temblarle y sentía la presión de la sangre en sus mejillas, parecía que estaba a punto de explotar.

1, 2, 3...

Abrió de golpe, estrellando la puerta contra la pared, con una fuerza casi sobrehumana, dejando pasmado al inquilino de aquel despacho. Sin darle tiempo ni siquiera a exhalar su último aliento, el cuchillo le atravesó de arriba a abajo, desde la yugular hasta el abdomen.
Aquel viejo decrépito agonizaba ahora de rodillas en el suelo, intentando contener la sangre que salía a borbotones de aquella gran brecha. Pasaron escasos minutos, mientras su verdugo disfrutaba sádicamente de la escena, hasta que puso los ojos en blanco cayendo pesadamente contra el suelo, ya sin vida.

Notó como la presión disminuia, la rabia empezaba a desaparecer y una sensación de calma le nubló la mente.

Salió con lentitud de aquel despacho, con la camisa manchada de sangre, con el cuchillo aun en sus manos, y con una sonrisa sádica que hablaba de volver a encontrarse cara a cara con la muerte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Macabramente genial