Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

martes, 25 de agosto de 2009

Capítulo cincuenta y dos


- ¿Qué haces? - pregunto.
- Este círculo simboliza la unión de nuestras almas - responde.

Me rodea con siete círculos y se introduce en el cercado del séptimo. Nos miramos cara a cara. Presionas sus palmas contra las mías.

No se si estoy soñando.

Desliza una mano por detrás de mi cuello y me empuja hacia él con suavidad. Sus manos se enredan en mi pelo y acaricia los mechones entre los dedos como si fuera seda fina que deseara adquirir. Poco después, su boca está en la mía, hambrienta, profunda, penetrante.

Éste es un mundo nuevo y yo viajaré por él.

No sé qué desearía que me dijera: Te quiero. Eres hermosa. Te necesito. Parece que puedo escuchar todo eso y, sin embargo, él solo dice una palabra, mi nombre, y me doy cuenta de que nunca le he oído decirlo de esa forma: como si fuera conocida. La piel de su pecho es suave bajo el peso de mis dedos. Cuando mis labios rozan el hueco de su garganta, emite un sonido entre un suspiro y un gruñido.

Sus labios recorren mi cuerpo en una borrachera de besos. Mi boca. Mi mandíbula. Mi cuello. La parte interna de mis brazos. Lleva sus manos hasta el nacimiento de mi espalda y me besa el vientre a través de la basta tela de mi vestido, haciendo que mis venas chisporroteen.
Me aparta el pelo y calienta el dorso de mi cuello con su boca, arrastra sus besos por mi columna mientras sus manos sostienen suavemente mis pechos. Las cintas de mi corsé se han soltado. Ahora soy capaz de aspirar su olor. Kartik se ha despojado de su camisa. No soy consciente de cuándo lo ha hecho y, por alguna razón, olvido avergonzarme de ello. 

Solo percibo su belleza: la suavidad de su piel tostada, la amplitud de sus hombros, los músculos de sus brazos, tan diferente a mi. Kartik se apreta contra mi, y siento como si pudiera hundirme hasta el centro de la tierra. Sin embargo, me uno a él, sintiendo su calidez hasta que creo morir.

- ¿Estás segura...?

Por una vez, no me aparto. Lo beso de nuevo y permito que mi lengua explore la calidez del interior de sus labios. Kartik parpadea y luego los abre de par en par, con una mirada que no puedo describir, como si acabara de contemplar algo precioso que creyera haber perdido. Entrelaza su cuerpo con el mío. Mis manos se aferran a sus hombros. Nuestras bocas y cuerpos hablan por nosotros en un lenguaje nuevo.


Al abrir los ojos me hallo de vuelta en las Cuevas de los Suspiros. Mis dedos rozan los de Kartik en la piedra. Respiro pesadamente. ¿Ha visto él lo que yo? ¿Hemos soñado el mismo sueño?
No me atrevo a mirarlo. Siento su dedo, tan ligero como la lluvia, bajo mi barbilla. Gira mi cara hacia él.

- ¿Has soñado? - susurro.
- Sí - responde y me besa.

- Gracias por traerme - dice.
- De nada - respondo -. Hay algo más que quiero compartir contigo.

Le cojo las manos y nuestros dedos experimentan un hormigueo ante el contacto. Parpadea y luego abre los ojos, asombrado al comprender el regalo mágico que le he entregado. Lo suelto a regañadientes.

- Ahora puedes hacer lo que quieras.
- Lo que quiera - repite.

Asiento con la cabeza.

- Muy bien.

Cubre la escasa distancia que hay entre nosotros y deposita sus labios en los míos. Sus labios son suaves pero su beso es firme. Necesito tanto esos labios que no consigo imaginar cómo podré vivir si no los saboreo para siempre. Cuento los besos: uno, dos, tres... ocho. 

- Pero... puedes hacer todo lo que desees.
- Exactamente - contesta rozándome el cuello con la nariz.
- Pero - digo- puedes convertir las piedras en rubíes o montar en un elegante carruaje de caballero.

Kartik pone las manos a ambos lados de mi rostro.

- A cada uno lo suyo - contesta y me besa una vez más.




(Dulce y Lejano - Libba Bray)

No hay comentarios: