Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: bloggernodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

sábado, 5 de octubre de 2019

Agradecida

Y entonces lo entiende. 

Después de tantos años, de tantas conversaciones, de tantas páginas escritas, de tantas preguntas sin respuesta, de creer no haber sido suficiente, de sentirse loca y culpable por todo lo dicho y lo callado, de justificar todos sus actos y menospreciar los suyos propios... Después de tantas idas y venidas, de tanto silencio, de labios agrietados por la soledad, de la gélida distancia hacia todo lo que le rodeaba, del miedo atroz y del anhelo a cualquier otra forma de vida que le hiciera latir...

Entiende que, haber desistido, haberse rendido, fue el mayor acto de amor que podría haberse entregado nunca.

jueves, 29 de agosto de 2019

Ojalá pudieses verte

Siente como la música le inunda. Se abandona a la repentina valentía que le otorga escucharla a un volumen casi excesivo y su cuerpo comienza a moverse al rápido compás. Cierra los ojos mientras ajusta los auriculares hasta que el mundo exterior desaparece por completo. 

Siente la melodía como un líquido eléctrico que arde dentro de sí, un tiro directo a cada uno de sus miedos y por un momento se siente escandalosamente radiante, eufórica, intrépida e insolentemente feliz. 

La imagen en el espejo le devuelve una sonrisa cómplice mientras susurra: "ojalá pudieses verte... tan llena de vida, tan despreocupada, tan espontánea... tan libre."


domingo, 18 de agosto de 2019

Gasolina

Durante un tiempo pensé que toda la rabia que me consumió durante la adolescencia se había esfumado, había desaparecido con el paso de los años y la resignación: yo nunca sería esa chica que planta cara, se revela y hace arder el mundo. 

Pero sin darme cuenta había convertido toda esa rabia en gasolina, y toda esa gasolina en letras, y todas esas letras en palabras, gritos desesperados de quién niega doblegarse; y todas esas palabras en diarios en los que el pasado sigue siendo cicatrices mal cosidas latiendo a quemarropa; y todos esos diarios... en el recuerdo de que, aunque a veces sienta que no soy mas que un puzzle incompleto, ruinas, cristales rotos, furia contenida, silencio y ganas de huir, también soy la tinta que es capaz de rugir y arañar el papel, combustible sempiterno de mi propia historia. 

lunes, 12 de agosto de 2019

Breve narración de un instante

Observé con detenimiento las calles que se bifurcaban a mi paso. Estaban cuidadosamente empedradas, adornadas con plantas y puestos de hortalizas y fruta fresca. Los edificios se alzaban sosteniéndose unos con otros, mientras sus fachadas revestidas de azulejos de colores, brillaban bajo el sol. 

Dejé que mis pasos me guiasen a través de callejones estrechos, arte urbano, cuestas, escaleras, parques, plazas, monumentos, grupos de música en directo y un sin fin de desconocidos y fascinantes rostros en los cuales leer historias y cuentos de ciencia ficción. 

Entonces, sujeté la cámara con fuerza a la altura de mis ojos. Detuve el dedo sobre el pulsador, oprimiéndolo hasta la mitad para que aquella imagen inmortalizada tras el visor de mi cámara, permaneciese nítida y perfilada. Contuve el aliento por un instante mientras una sonrisa afloraba de la comisura de mis labios. Apreté el disparador hasta escuchar un leve "click", con el que el tiempo, reflejado en aquel instante casi mágico, fue detenido para siempre. 


(Lisboa - Fotografía realizada desde el Elevator de Santa Justa)



jueves, 28 de marzo de 2019

Trou Noir

Qué injusto es el miedo. Aparece como un fiel guerrero dispuesto a protegerte a capa y espada en momentos puntuales para poco a poco, abrazarte, envolverte, susurrarte que lo necesitas y hacerte creer que dependes de él para moverte por el mundo: siempre alerta y expectante, anteponiéndote ante cualquier posible peligro, antes siquiera que llegue a rozarte. 

Poco a poco cedes ante su poder, haciendo que maneje tu vida a su antojo, limitándote; aunque crees que lo hace por tu bien: te mantiene en el lugar seguro, en la zona de confort, donde nada ni nadie puede hacerte daño. Ni siquiera tienes que luchar cuerpo a cuerpo. Ni siquiera tienes que huir. 

Y sin darte cuenta, pasan los meses y los años, en los que la distancia que te separa del mundo real es tan grande, que no sabes donde empiezas tú y donde acaba él. Te has convertido en una imagen borrosa e imprecisa que se desdibuja frente al espejo. Eres incapaz hacer nada sin antes pedirle permiso y la respuesta es siempre "no": "no puedes". Y te auto convences, es lo correcto. Y te aíslas, es mejor así.

Tus conversaciones, tus pensamientos y tus sentimientos se transforman en un único concepto. Hablas desde él, piensas como él y sientes a través de él. Estás atrapado bajo el yugo de algo que ni siquiera es real, no es algo físico que puedas mostrar a los demás, es demasiado abstracto para poder explicarlo. Y aún consiguiéndolo, pocas personas parecen (querer) entenderlo, porque ni siquiera tú lo haces, pues no eres capaz de reconocer que eso es un problema y mucho menos, admitirlo. 

Pero algo dentro de ti sabe, por debajo de toda esa oscuridad, en un último resquicio de lucidez que aún reside en lo más profundo de tu corazón, que vivir así no es vivir, que no puedes abandonarte, que necesitas buscar ayuda, que hay otros caminos, que puedes armarte tú mismo para protegerte de las fieras, que aún hay esperanza. 

viernes, 8 de marzo de 2019

Cumpleblog: 10 años

Hace diez años decidí abrir este blog. Casualmente estoy viviendo en la misma ciudad en la que entonces residía, aunque mis intenciones actualmente han cambiado. En aquel momento tan solo quería escapar de esta ciudad a la que percibía hostil, reinventarme, abrir mis alas y volar lo más lejos que pudiese. Ahora tan solo deseo permanecer, hacerla mía, abrazarla y abarcarla, redescubriéndola y a mi con ella. 

Han cambiado muchas cosas desde entonces. Casi me da vértigo pensar lo rápido que ha pasado el tiempo. Diez años. Observo a la niña que era y siento cierta nostalgia: tan llena de vida, de fuerza y de inspiración por todo lo que le rodeaba. Ese ansia por descubrir el mundo, su mundo, de romper con las etiquetas, de dejar atrás el pasado... Me veo ahora y siento que he perdido parte de esa inocencia, parte de esa osadía, de ese ver el mundo con un optimismo casi absurdo. Aunque también aprecio mi templanza, mi sensibilidad, mi calma y la fuerza que aún habita en mi, quizá no tan arrolladora, pero sí persistente y tenaz. 

Abrí este blog con la intención de compartir todo lo que me quemaba por dentro. A día de hoy, las palabras, los pensamientos y los sueños me siguen arañando bajo la piel, aunque me cuesta muchísimo más darles rienda suelta. 

De lo que estoy segura es que, tarde o temprano, me gustaría publicar en papel y seréis los primeros en enteraos. Aunque ahora a penas escriba, tengo guardados relatos y poemas como para empapelar una habitación entera. 

Si aún queda alguien por estos lares y no ha sido engullido por el resto de plataformas más inmediatas y más modernas, gracias por leerme. Seguiré aquí al pie del cañón, aunque tenga que, de vez en cuando, hostigar a mis musas para poder derramar alguna lágrima de tinta. 

Gracias.


miércoles, 23 de enero de 2019

Quimeras

Adoraba el revoloteo de sus miradas, unas veces fugaces, otras a bocajarro, como bebiendo sedienta de aquel estallido casi eléctrico que erizaba su piel. Adoraba aquella media sonrisa dibujándose en sus labios cada vez que se cruzaban como por casualidad. También la ternura de sus manos presionando con delicadeza el punto exacto en el que su corazón se deshacía de aquel caparazón de piedra. Sus abrazos, cada vez más frecuentes, volcando cada sentimiento que no se atrevían a pronunciar en voz alta. Las conversaciones sobre música y planes futuros. Las estrategias para pasar cualquier instante cerca. El sonrojare cada vez que notaba que él la observaba en silencio: unas veces sorprendido, otras divertido, pensativo, atento, curioso... La inquietud y efusividad con la que enfrentaba cada reto, contagiándole esa valentía. Su sentido del humor. Su olor. El temblor desacompasado de su corazón cada vez que pronunciaba su nombre. La confianza con la que le invitaba a pertenecer a su vida... 

Y aún negaba admitir que aquello era amor.