Despertaba. Volvía a sentir esa opresión en el pecho. Estaba nerviosa pero tampoco tenía miedo, no demasiado, no tanto como para no ir a clase.
No recuerdo si me preparaba mentalmente para aguantar durante 6 horas.
Salía a la calle y me encaminaba hacia el colegio, sabiendo que ese día no sería diferente, no mucho mas que los anteriores, si a caso un poco peor, pero tenía la esperanza de que tarde o temprano lo dejarían correr...
Me colocaba en la fila para entrar a clase, con la cabeza agachada para pasar desapercibida, aunque sin conseguirlo, todas aquellas miradas se volvían a mirarme y a hablar entre susurros. Muchas veces lo pensé, preferiría un millón de veces que hubiesen llovido puñetazos sobre mi cuerpo, que soportar aquello...
Entrábamos en clase. Me sentaba en mi sitio y guardaba silencio, ahogando las lágrimas que amenazaban con salir constantemente. Y cada día se repetía la misma escena, aquellas personas con las que había convivido durante 6 años, sin saber cómo, de la noche a la mañana, se habían transformado en verdugos de mi condición de vivir.
Intentaba quitarle peso a aquello, pero no siempre lo conseguía, y acababa llorando amargamente culpándome de mi desgracia, pensando que no valía nada...
Cada día, cada día durante algunos años, sobreviviendo, intentando sujetarme a la superficie y no caer en un abismo del que si me rendía no lograría salir... Vivir atada a los demás, con el miedo de decir algo y resultar herida, luchando y cada día construyendo y reconstruyendo una coraza con la cual protegerme y alejarme de las personas por el miedo a repetir el castigo...
De todas formas, los acontecimientos que suceden a lo largo de la vida, acaban construyéndote como persona, no se si mejor o peor, pero te forjan para sobrevivir, y para darte cuenta de que aunque solo sea por llevarles la contraria, consigues salir del abismo.