Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

lunes, 15 de agosto de 2016

Deshielo

En medio de aquel bar, rodeada de tanta gente, un sentimiento de tristeza comenzó a aflorar a través de sus mejillas. No conseguía adivinar de dónde procedía, pero de pronto comprendió que no debía estar allí. No podía. No quería. 

Se abrió paso, como pudo, entre codazos y pisotones, hacia la puerta. La calle estaba también atestada de gente; jóvenes que iban y venían, carcajadas y música de fondo. Todo el mundo parecía estar pasándoselo en grande. 

Reparó en sus pulsaciones: seguían estables. Aquella ansiedad desmesurada a la que casi ya se había acostumbrado, había desaparecido por completo, quedando prácticamente en una anécdota que recordar cuando quería descubrirse más valiente. 

Se dirigió al único sitio donde sabía que podía pensar con claridad. Una vez allí, dejó que el reproductor de música hiciese el resto. 

Apoyó la espalda contra la pared y fijó la vista sobre los tejados de la ciudad. La azotea siempre había sido su vía de escape para cuando tenía más ganas de volar que de correr. 


Su cara se contrajo en una mueca de dolor y se dejó ir, deshaciéndose lentamente entre viejos monstruos y recuerdos latentes.

lunes, 11 de julio de 2016

Bajo la luz de los sueños

Era una noche tranquila, el cielo estaba completamente despejado y la luna sonreía desde el horizonte. Alzó la mirada y se vio sobrecogida por aquel mar de estrellas y constelaciones titilantes: Cassiopea, la Osa Mayor, la Estrella Polar, Deneb, Mizar... 

Había quedado con un grupo de personas, que como ella, admiraban todo lo relacionado con el espacio. Además, entre aquellas, se encontraban cuatro astrónomos que habían traído consigo sus telescopios. El espectáculo no había hecho mas que comenzar. 

- Si miras por aquí - apuntaba uno de los expertos - podrás observar Júpiter. 
- ¿En serio? - preguntó Ana, al tiempo que se acercaba al ocular. 

Una esfera de color beige dividida por dos bandas transversales rojas aparecía en el visor. A su vez, cuatro puntitos brillantes de color azul, correspondientes a los satélites, la seguían de cerca. 

- ¡No puede ser! - exclamaba con emoción. 

El astrónomo sonreía complacido. 

- ¿Hay algún otro planeta que te gustaría ver?
- ¡Saturno! Si es posible, claro...
- Con este telescopio, casi todo es posible.

Comenzó a manipular un pequeño mando, en el que introducía las coordenadas que correspondían con dicho planeta. Al cabo de unos pocos segundos, el telescopio giraba sobre sí mismo, gracias a un pequeño motor, en la búsqueda y captura del astro. 

- A ver... mira ahora...

Volvía a asomarse a aquella pequeña ventana con vistas a una realidad casi mágica. Saturno aparecía ente sus ojos, como una pequeña lenteja dorada, rodeada por un único anillo. No había margen de error, aquel era, sin duda, el mismo planeta que Galileo o el mismísimo Christiaan Huygens, observaron desde sus respectivos telescopios.

- ¡Es increíble! - canturreaba mientras daba pequeños saltitos de emoción.  
- Y mira... - introducía nuevas coordenadas con las que el telescopio volvió a girar sobre su eje en busca de un nuevo objetivo con el que dejar a Ana boquiabierta. - Observa ahora... ¿qué te parece?
- ¡Es la luna! Mira los cráteres, parece un queso gruyere, la luz, ¡es maravillosa! Ya sé en qué voy a ahorrar mi dinero próximamente...
- ¿Te unirás a nuestra troupe? 
- ¡Por supuesto! A fin de cuentas, siempre he vivido colgada de las estrellas... 

domingo, 3 de julio de 2016

Saudade

Hoy necesito volver al mar, comprarme vestidos rojos, pintarme las uñas, escuchar grupos que me inviten a cerrar los ojos y soñar despierta, llorar, escribir, leer, ver amanecer, hacer fotos, tumbarme en la cama para no pensar en nada y a la vez pensarlo todo, mirar las estrellas, terminar de ver aquella película que dejé a medias, dejarme la voz recordando aquel concierto en primera fila, sonreír durante cinco segundos y medio, tomar café helado y guardar algo de calor en mis bolsillos para cuando el invierno aceche tras la incertidumbre de no saber qué camino escoger...

martes, 3 de mayo de 2016

Good Vibes

- Quiero ese - dije señalando el longboard de rayas blancas y azules.
- ¿Pero sabes como va esto? ¿O sólo lo quieres por subir fotos al instagram? - preguntó el dependiente de la tienda sonriendo con suficiencia.
- Bueno, supongo que como todo, es cuestión de práctica... - respondí enigmática.

Pagué y salí de la tienda sin dar más explicaciones. Puse la tabla en el suelo y mis pies sobre ella, tratando de ganar confianza y equilibro. Estiré mis brazos en cruz y aspiré una bocanada de aire cálido. Flexioné mis rodillas y me di impulso dejando que la tabla se deslizase con facilidad sobre el asfalto, ganando velocidad. Sin darme cuenta, recorría el paseo marítimo zigzageando entre los biandantes. 

Hacía un par de meses que había decidido cambiar de vida: me corté el pelo, cambié su forma y su color, doné ropa vieja, me compré nueva, innové mi estilo. Me mudé a una ciudad cerca del mar, empecé a trabajar y a ahorrar. Me apunté a clases de teatro para conocer gente nueva. Retomé la lectura, la guitarra, aunque de forma autodidacta y volví a escribir con más fuerza que nunca.


Dejarse llevar no está tan mal, pensé, sobretodo si tienes la confianza y las fuerzas suficientes para saber que si te caes, volverás a levantarte. Que a pesar del dolor, de las pérdidas, de los arañazos, del sobrevivir gracias a trabajos mal remunerados, con esfuerzo y ganas, tarde o temprano, consigues alcanzar tus sueños. Y que la vida siempre merece la pena, aunque sonrías cinco segundos sobrevolando la ciudad encima de una tabla con ruedas.

viernes, 29 de abril de 2016

Alas de papel

Trata de vislumbrar su pelaje atigrado a través de los tejados. No hay ni rastro de ella. Hace más de un mes que aquella gata de ojos amarillos ha desaparecido sin dejar rastro. Intenta sisear y chasquear los dedos para atraer su atención, en vano. Donde quiera que esté, se encuentra muy lejos de allí. 

Cruza los brazos sobre el alféizar de la ventana y apoya la cabeza entre ambos. Cierra los ojos y deja vagar su mente entre recuerdos del pasado.

Mía era la gata de su vecina. Hacía cuatro años que se habían mudado a la casa de al lado. Recuerda como le ayudó a subir cajas, muebles y libros. Todo era caos y ruido. Enseguida se hizo amiga de aquel felino y de su dueña, como un flechazo. 

Suspira y sonríe. 

Las tardes de verano riendo a carcajadas sobre el tejado, bebiendo cerveza, escribiendo cosas absurdas con tiza en la pared, desafinando con grupos indies, inventando nuevos idiomas, viajando, bailando hasta destrozarse los pies, siendo cómplices en silencio... 

No recuerda el punto exacto en que todo aquello empezó a desvanecerse como el humo. Quizá el hacerse mayor, con nuevas responsabilidades, nuevas perspectivas de futuro, otras obligaciones... le habían hecho cambiar. Les había hecho cambiar. 

Dobla una hoja de papel blanco transformándola en un avión y escribe en una de sus alas un mensaje, una señal. Lo lanza con fuerza para que se cuele, tras un vuelo frágil e irregular, en su terraza. 

Y espera.

miércoles, 6 de abril de 2016

Weaker

Son días fugaces y noches extrañas.

Hoy su dique de contención se ha desbordado 
inundándolo todo de agua salada. 


Ojalá no hubiese sido demasiado tarde para todo.


miércoles, 23 de marzo de 2016

Ser o no ser

La buhardilla de su casa era lo más cerca que tenía para sentirse un bohemio, un artista de vanguardia, un alma libre, un poeta... Subía a ella cada vez que necesitaba poner en orden sus pensamientos, su vida en general o el hilo inexacto de las palabras mudas de sus labios. Últimamente pasaba más tiempo hablando consigo mismo que con el resto de los mortales con quienes convivía a causa de su trabajo. 

Su mirada vagaba a través de las ventanas de aquel cuarto, se perdía entre las paredes desgastadas de los edificios de su barrio, coleccionaba cantos de pájaros y saltos al vacío de algún que otro polluelo sin miedo a volar: cómo los envidiaba. Hacía tiempo que había cortado sus alas para amoldarse al tamaño de la jaula que él mismo había construido. 

Rufus, el gato naranja de su vecina, también solía colarse en aquella oda a la melancolía y soledad. Ambos se hacían compañía mutuamente, aunque sin necesidad de depender uno del otro. Parecía comprenderle tan bien... 

- Si no fueses gato, ¿qué te gustaría ser? - le preguntó mientras le acariciaba detrás de las orejas. - Yo si no fuese lo que soy, me gustaría ser todo lo que fui o todo lo que imaginé, pero... 

El gato volvió sus grandes ojos amarillos para mirarle con intensidad y maulló levemente. 

- Tienes razón... Simplemente eres y actúas conforme a tu esencia. No sé por qué nos preocupa tanto ser lo que somos o lo que dejamos de ser o lo que los demás esperan de nosotros. Quizá el secreto sea no plantearse la mera existencia de uno mismo, simplemente vivir haciendo lo que nos gusta sin hacer daño a nadie... Puro instinto. ¿Es ese tu secreto, amigo?

Rufus ronroneó sobre su regazo y clavó sus pequeñas garras sobre sus piernas, para justo después escapar corriendo hasta el alféizar de la ventana, echando un último vistazo hacia el interior de aquella buhardilla y desaparecer en la oscuridad de la noche. 

- Supongo que eso es un sí...